Día Mundial de la lucha contra el ACV

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    El día mundial del accidente cerebrovascular

    Venciendo a los vencedores: Las enfermedades de Churchill, Roosevelt y Stalin

    Eran los dueños de medio mundo, conformaban la coalición más grande de la historia que se había constituido para pelear contra un enemigo común, el nazismo. Salieron victoriosos, pero cada uno y a su tiempo, fue vencido por las enfermedades cerebrovasculares que pusieron fin a sus días. Un enemigo demasiado poderoso que cada día se cobra más víctimas y al que solo podremos derrotar con tiempo, paciencia y voluntad.

    Durante las conferencias de Teherán, Yalta y Postdam, Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron el mundo cuando ya estaban seguros de su victoria.

    En las fotos se los ve sonrientes, dispuestos a mostrar a los medios que su alianza era imbatible y la victoria tan segura como los dedos en V que exhibía el primer ministro británico, pero los dos primeros ya sufrían las consecuencias del deterioro vascular que los llevaría de este mundo. Roosevelt no estaba en la plenitud de sus funciones, la secuela de poliomielitis le impedía moverse, y la arterosclerosis estaba minando su capacidad intelectual.

    Churchill no solo había caído en uno de esos pozos depresivos que como “”perros rabiosos”” a veces mordían su psiquis, sino que tuvo una disritmia cardiaca (fibrilación auricular) que trataron de ocultar para no poner en peligro la alianza. Solo Stalin estaba en dominio de la situación y por eso fue que la Unión Soviética se quedó con el este de Europa, hecha la excepción de Grecia que Churchill quería mantener bajo el dominio occidental. ¿Podía la cuna de la democracia ser parte del bloque comunista? No, por más que el Partido Comunista era muy poderoso en Grecia, pero la perseverancia del ministro ingles logró que permaneciese fuera de lo que él mismo dió en llamar “”la cortina de hierro””.

    El primero en morir fue Franklin Delano Roosevelt, el 12 de abril de 1945 sin ver concluida la Segunda Guerra Mundial. Su muerte fue fulminante, apenas llegó a expresar que le dolía la cabeza, mientras posaba para su retrato hecho por la pintora Elizabeth Shoumatoff frente a su amiga y amante Lucy Mercer.

    Comprobada la muerte del presidente por una hemorragia cerebral masiva, Lucy fue retirada discretamente de Warm Spring, la propiedad de Roosevelt donde pasaba su tiempo libre, antes de que llegara la primera dama, Eleanor Roosevelt. En estas luctuosas circunstancias , la esposa del presidente fue informada de la relación de larga data que su marido mantenía con Mercer, quien se había desempeñado como su secretaria. Para evitar un escándalo y preservar la imagen de quien había sido el mandatario más popular de los Estados Unidos (y el único que gobernó por cuatro periodos al país), Eleanor Roosevelt guardó silencio sobre la infidelidad de su marido, aunque “”no la habré de olvidar””.

    Stalin sufrió una hemorragia cerebral masiva pero, a diferencia de Roosevelt, pasó horas solo, consciente y sin poder articular palabra, tirado en el suelo de su dormitorio. Tal era el terror que inspiraba que, a pesar de haber pasado la hora habitual en la que solía despertarse, sus asistentes pensaron que aun dormía después de una noche regada por vodka. Recién a las diez de la noche (es decir más de medio día después), cuando llegó un paquete proveniente del Comité Central fue que uno de sus colaboradores entró y lo encontró en el suelo. Inmediatamente fue consultado Lavrenti Beria, el sinestro jefe de policía y del NKDV. Allí comprobaron que Stalin aún estaba vivo y decidieron llamar a un médico. Pero, ¿a quién? Meses antes Stalin había denunciado una conspiración de “”burgueses sionistas”” que comprometía a once eminentes profesionales rusos, siete de ellos de origen judío, entre los que se encontraba su médico de cabecera. Por esa denuncia, docenas de profesionales fueron apresados y torturados. Con Stalin en situación tan desesperante, varios médicos fueron excarcelados para tratar al hombre que los había puesto en prisión. Curiosamente, estos profesionales usaron sanguijuelas para bajarle la tensión arterial .

    La agonía duró días. Cada tanto, Stalin abría los ojos y miraba a quienes lo rodeaban, el mismo Beria, Nikita Jrushchov, Viacheslav Mólotov y su hija Svetlana. El 4 de marzo levantó su brazo izquierdo, abrió los ojos, hizo un gesto amenazador y después de eso nuevamente cayó en coma hasta el día siguiente cuando sufrió un paro cardiaco. La muerte de Stalin se prestó a muchas versiones, entre ellas decían que fue envenenado con warfarina, un anticoagulante que suele usarse como raticida. En realidad, desde hacía dos años el “”hombre de hierro”” venía sufriendo fallas en la memoria que alarmaron a su médico Vladímir Vinográdov, quien propuso un enérgico tratamiento para la hipertensión que lo aquejaba, pero Stalin lo envió a la cárcel, no hizo ningún tratamiento de los indicados y continuos con sus ingentes dosis de vodka que terminaron por convertirlo en una víctima más de los accidentes cerebrovasculares.

    Curiosamente, el mayor de este terceto, Sir Winston Churchill, fue el último en morir a pesar de llevar adelante una dieta rica en alcohol y tabaco, el inseparable puro del primer ministro. “”Les he sacado más provecho a ellos (el tabaco y el alcohol) que el daño que me hayan podido infligir””, solía decir.

    La lista de afecciones del estadista británico parece interminable, desde erisipela, fractura de hombro, faringitis, bronconeumonías, osteoporosis, etc., etc., etc. Su médico y amigo, Charles Wilson, Lord Moran, las describió en su libro Churchill y su lucha por sobrevivir en el que cuenta sus problemas médicos que comenzaron cuando Winston llegó a este mundo prematuramente, sorprendiendo a su madre en medio del baile de San Andrés en el Palacio de Blenheim que pertenecía a su ancestro el duque de Marlborough (sobre quien escribió una notable biografía). Pero el final fue secuela de un compromiso arterial vascular generalizado que lo llevó a un progresivo deterioro. Cuando John Kennedy lo nombró ciudadano honorario de los Estados Unidos, Churchill no pudo viajar. El 15 de enero de 1965 sufrió un ataque cardiaco que le ocasionó una trombosis cerebral. Falleció el 24 de enero, curiosamente la misma fecha en la que había muerto su padre 70 años antes. Dicen que sus últimas palabras fueron “”Todo es tan aburrido””.  Probablemente esos últimos años de retiro, de deterioro y vejez le habían resultado insufrible. Entre las últimas instrucciones que dio para su entierro fue que en caso que Charles de Gaulle asistirse a la ceremonia, la procesión debía comenzar en Waterloo Station, una secreta venganza para recordarle a su antiguo aliado, con el que había tenido infinidad de discusiones durante la contienda, de la superioridad de los ingleses …

    A este terceto afectado por compromisos vasculares podríamos agregar a Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe del ejército norteamericano durante la guerra y presidente de su país, quien durante su mandato sufrió un infarto. Al difundirse la causa de esta afección cardíaca, se popularizó la asociación entre los trastornos circulatorios y los altos niveles de colesterol, desconocida hasta la década del 50.

    Los accidentes cerebrovasculares son junto a las afecciones coronarias uno de las principales causas de muerte e invalidez en el mundo. Se estima que en el 2015, siete millones de personas murieron por esta causa. Bajo esa denominación de accidente cerebrovascular (ACV) se produce un déficit circulatorio en el cerebro tanto por isquemia o un infarto como por derrame o hemorragia (los de Roosevelt y Stalin fueron hemorrágicos, en el caso de Churchill fue por isquemia). De acuerdo a la localización en el cerebro podemos tener procesos de escasa sintomatología –cefalea, isquemia transitoria– hasta muerte súbita pasando por parálisis, afasias y otros trastornos mentales.

    La principal asociación es con la hipertensión, el sedentarismo, la excesiva ingesta de grasas, la diabetes, el consumo de tabaco y alcohol, aunque existen otras enfermedades como la enfermedad celiaca y la psoriasis que también son cocausales.

    El 3.5% de la población mayor a los 65 años puede sufrir un ACV, es la tercera causa de muerte en Europa y la primera entre las mujeres españolas. El 32% requiere rehabilitación y el 25% presenta alguna discapacidad que afecta su vida diaria. La mitad de estos padecen una depresión y muchos de ellos sufren algún tipo de deterioro intelectual en los meses siguientes al accidente.

    Por estas razones es que el 29 de octubre se ha declarado el Día Mundial de la lucha contra el ACV que venció a los vencedores de las Segunda Guerra Mundial.

    ——————————
    Omar López Mato
    Instituto de la Visión
    ——————————

    Estimado Omar, que buena analogía, has usado para demostrar que un ACV mata hasta a los más poderosos.
    El más joven en Morir que ya estaba deteriorado fue Roosevelt, con solo 63 años, Stalin tenía 10 más, (tampoco sabremos cuanta Vodka tomo en su vida) 
    Pero, Churchill a pesar de que era un depresivo severo, y que era de buena mesa, puro y champagne, es sorprendente, que muera a los 90 años 
    y con varios infartos y demases en el cuerpo. .
    La instrucción que da por De Gaulle, revela lo que lo pudo haber mantenido tanto tiempo, su increíble humor y chispa,
    que no le falto nunca. 
    Puede ser que ese también sea el remedio. 
    A su funeral, que fue el que más Lideres mundiales acudieron (solo fue superado mucho tiempo después, por el del Papa, Juan Pablo segundo), si fue De Gaulle por si acaso.
    No nos olvidemos que fue el Funeral, del británico más importante del siglo 20. 
    Y se lo merecía
    Por si les cabe alguna duda 
    Atentos y muy buen relato 
    atentos 
    Eusebio

    ——————————
    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
    ——————————
    ——————————————-
    Original Message:
    Sent: 10-29-2022 07:51
    From: Omar López Mato
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    El día mundial del accidente cerebrovascular

    Venciendo a los vencedores: Las enfermedades de Churchill, Roosevelt y Stalin

    Eran los dueños de medio mundo, conformaban la coalición más grande de la historia que se había constituido para pelear contra un enemigo común, el nazismo. Salieron victoriosos, pero cada uno y a su tiempo, fue vencido por las enfermedades cerebrovasculares que pusieron fin a sus días. Un enemigo demasiado poderoso que cada día se cobra más víctimas y al que solo podremos derrotar con tiempo, paciencia y voluntad.

    Durante las conferencias de Teherán, Yalta y Postdam, Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron el mundo cuando ya estaban seguros de su victoria.

    En las fotos se los ve sonrientes, dispuestos a mostrar a los medios que su alianza era imbatible y la victoria tan segura como los dedos en V que exhibía el primer ministro británico, pero los dos primeros ya sufrían las consecuencias del deterioro vascular que los llevaría de este mundo. Roosevelt no estaba en la plenitud de sus funciones, la secuela de poliomielitis le impedía moverse, y la arterosclerosis estaba minando su capacidad intelectual.

    Churchill no solo había caído en uno de esos pozos depresivos que como “”perros rabiosos”” a veces mordían su psiquis, sino que tuvo una disritmia cardiaca (fibrilación auricular) que trataron de ocultar para no poner en peligro la alianza. Solo Stalin estaba en dominio de la situación y por eso fue que la Unión Soviética se quedó con el este de Europa, hecha la excepción de Grecia que Churchill quería mantener bajo el dominio occidental. ¿Podía la cuna de la democracia ser parte del bloque comunista? No, por más que el Partido Comunista era muy poderoso en Grecia, pero la perseverancia del ministro ingles logró que permaneciese fuera de lo que él mismo dió en llamar “”la cortina de hierro””.

    El primero en morir fue Franklin Delano Roosevelt, el 12 de abril de 1945 sin ver concluida la Segunda Guerra Mundial. Su muerte fue fulminante, apenas llegó a expresar que le dolía la cabeza, mientras posaba para su retrato hecho por la pintora Elizabeth Shoumatoff frente a su amiga y amante Lucy Mercer.

    Comprobada la muerte del presidente por una hemorragia cerebral masiva, Lucy fue retirada discretamente de Warm Spring, la propiedad de Roosevelt donde pasaba su tiempo libre, antes de que llegara la primera dama, Eleanor Roosevelt. En estas luctuosas circunstancias , la esposa del presidente fue informada de la relación de larga data que su marido mantenía con Mercer, quien se había desempeñado como su secretaria. Para evitar un escándalo y preservar la imagen de quien había sido el mandatario más popular de los Estados Unidos (y el único que gobernó por cuatro periodos al país), Eleanor Roosevelt guardó silencio sobre la infidelidad de su marido, aunque “”no la habré de olvidar””.

    Stalin sufrió una hemorragia cerebral masiva pero, a diferencia de Roosevelt, pasó horas solo, consciente y sin poder articular palabra, tirado en el suelo de su dormitorio. Tal era el terror que inspiraba que, a pesar de haber pasado la hora habitual en la que solía despertarse, sus asistentes pensaron que aun dormía después de una noche regada por vodka. Recién a las diez de la noche (es decir más de medio día después), cuando llegó un paquete proveniente del Comité Central fue que uno de sus colaboradores entró y lo encontró en el suelo. Inmediatamente fue consultado Lavrenti Beria, el sinestro jefe de policía y del NKDV. Allí comprobaron que Stalin aún estaba vivo y decidieron llamar a un médico. Pero, ¿a quién? Meses antes Stalin había denunciado una conspiración de “”burgueses sionistas”” que comprometía a once eminentes profesionales rusos, siete de ellos de origen judío, entre los que se encontraba su médico de cabecera. Por esa denuncia, docenas de profesionales fueron apresados y torturados. Con Stalin en situación tan desesperante, varios médicos fueron excarcelados para tratar al hombre que los había puesto en prisión. Curiosamente, estos profesionales usaron sanguijuelas para bajarle la tensión arterial .

    La agonía duró días. Cada tanto, Stalin abría los ojos y miraba a quienes lo rodeaban, el mismo Beria, Nikita Jrushchov, Viacheslav Mólotov y su hija Svetlana. El 4 de marzo levantó su brazo izquierdo, abrió los ojos, hizo un gesto amenazador y después de eso nuevamente cayó en coma hasta el día siguiente cuando sufrió un paro cardiaco. La muerte de Stalin se prestó a muchas versiones, entre ellas decían que fue envenenado con warfarina, un anticoagulante que suele usarse como raticida. En realidad, desde hacía dos años el “”hombre de hierro”” venía sufriendo fallas en la memoria que alarmaron a su médico Vladímir Vinográdov, quien propuso un enérgico tratamiento para la hipertensión que lo aquejaba, pero Stalin lo envió a la cárcel, no hizo ningún tratamiento de los indicados y continuos con sus ingentes dosis de vodka que terminaron por convertirlo en una víctima más de los accidentes cerebrovasculares.

    Curiosamente, el mayor de este terceto, Sir Winston Churchill, fue el último en morir a pesar de llevar adelante una dieta rica en alcohol y tabaco, el inseparable puro del primer ministro. “”Les he sacado más provecho a ellos (el tabaco y el alcohol) que el daño que me hayan podido infligir””, solía decir.

    La lista de afecciones del estadista británico parece interminable, desde erisipela, fractura de hombro, faringitis, bronconeumonías, osteoporosis, etc., etc., etc. Su médico y amigo, Charles Wilson, Lord Moran, las describió en su libro Churchill y su lucha por sobrevivir en el que cuenta sus problemas médicos que comenzaron cuando Winston llegó a este mundo prematuramente, sorprendiendo a su madre en medio del baile de San Andrés en el Palacio de Blenheim que pertenecía a su ancestro el duque de Marlborough (sobre quien escribió una notable biografía). Pero el final fue secuela de un compromiso arterial vascular generalizado que lo llevó a un progresivo deterioro. Cuando John Kennedy lo nombró ciudadano honorario de los Estados Unidos, Churchill no pudo viajar. El 15 de enero de 1965 sufrió un ataque cardiaco que le ocasionó una trombosis cerebral. Falleció el 24 de enero, curiosamente la misma fecha en la que había muerto su padre 70 años antes. Dicen que sus últimas palabras fueron “”Todo es tan aburrido””.  Probablemente esos últimos años de retiro, de deterioro y vejez le habían resultado insufrible. Entre las últimas instrucciones que dio para su entierro fue que en caso que Charles de Gaulle asistirse a la ceremonia, la procesión debía comenzar en Waterloo Station, una secreta venganza para recordarle a su antiguo aliado, con el que había tenido infinidad de discusiones durante la contienda, de la superioridad de los ingleses …

    A este terceto afectado por compromisos vasculares podríamos agregar a Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe del ejército norteamericano durante la guerra y presidente de su país, quien durante su mandato sufrió un infarto. Al difundirse la causa de esta afección cardíaca, se popularizó la asociación entre los trastornos circulatorios y los altos niveles de colesterol, desconocida hasta la década del 50.

    Los accidentes cerebrovasculares son junto a las afecciones coronarias uno de las principales causas de muerte e invalidez en el mundo. Se estima que en el 2015, siete millones de personas murieron por esta causa. Bajo esa denominación de accidente cerebrovascular (ACV) se produce un déficit circulatorio en el cerebro tanto por isquemia o un infarto como por derrame o hemorragia (los de Roosevelt y Stalin fueron hemorrágicos, en el caso de Churchill fue por isquemia). De acuerdo a la localización en el cerebro podemos tener procesos de escasa sintomatología –cefalea, isquemia transitoria– hasta muerte súbita pasando por parálisis, afasias y otros trastornos mentales.

    La principal asociación es con la hipertensión, el sedentarismo, la excesiva ingesta de grasas, la diabetes, el consumo de tabaco y alcohol, aunque existen otras enfermedades como la enfermedad celiaca y la psoriasis que también son cocausales.

    El 3.5% de la población mayor a los 65 años puede sufrir un ACV, es la tercera causa de muerte en Europa y la primera entre las mujeres españolas. El 32% requiere rehabilitación y el 25% presenta alguna discapacidad que afecta su vida diaria. La mitad de estos padecen una depresión y muchos de ellos sufren algún tipo de deterioro intelectual en los meses siguientes al accidente.

    Por estas razones es que el 29 de octubre se ha declarado el Día Mundial de la lucha contra el ACV que venció a los vencedores de las Segunda Guerra Mundial.

    ——————————
    Omar López Mato
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    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
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    Sent: 10-29-2022 08:25
    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

    Estimado Omar, que buena analogía, has usado para demostrar que un ACV mata hasta a los más poderosos.
    El más joven en Morir que ya estaba deteriorado fue Roosevelt, con solo 63 años, Stalin tenía 10 más, (tampoco sabremos cuanta Vodka tomo en su vida) 
    Pero, Churchill a pesar de que era un depresivo severo, y que era de buena mesa, puro y champagne, es sorprendente, que muera a los 90 años 
    y con varios infartos y demases en el cuerpo. .
    La instrucción que da por De Gaulle, revela lo que lo pudo haber mantenido tanto tiempo, su increíble humor y chispa,
    que no le falto nunca. 
    Puede ser que ese también sea el remedio. 
    A su funeral, que fue el que más Lideres mundiales acudieron (solo fue superado mucho tiempo después, por el del Papa, Juan Pablo segundo), si fue De Gaulle por si acaso.
    No nos olvidemos que fue el Funeral, del británico más importante del siglo 20. 
    Y se lo merecía
    Por si les cabe alguna duda 
    Atentos y muy buen relato 
    atentos 
    Eusebio

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    El día mundial del accidente cerebrovascular

    Venciendo a los vencedores: Las enfermedades de Churchill, Roosevelt y Stalin

    Eran los dueños de medio mundo, conformaban la coalición más grande de la historia que se había constituido para pelear contra un enemigo común, el nazismo. Salieron victoriosos, pero cada uno y a su tiempo, fue vencido por las enfermedades cerebrovasculares que pusieron fin a sus días. Un enemigo demasiado poderoso que cada día se cobra más víctimas y al que solo podremos derrotar con tiempo, paciencia y voluntad.

    Durante las conferencias de Teherán, Yalta y Postdam, Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron el mundo cuando ya estaban seguros de su victoria.

    En las fotos se los ve sonrientes, dispuestos a mostrar a los medios que su alianza era imbatible y la victoria tan segura como los dedos en V que exhibía el primer ministro británico, pero los dos primeros ya sufrían las consecuencias del deterioro vascular que los llevaría de este mundo. Roosevelt no estaba en la plenitud de sus funciones, la secuela de poliomielitis le impedía moverse, y la arterosclerosis estaba minando su capacidad intelectual.

    Churchill no solo había caído en uno de esos pozos depresivos que como “”perros rabiosos”” a veces mordían su psiquis, sino que tuvo una disritmia cardiaca (fibrilación auricular) que trataron de ocultar para no poner en peligro la alianza. Solo Stalin estaba en dominio de la situación y por eso fue que la Unión Soviética se quedó con el este de Europa, hecha la excepción de Grecia que Churchill quería mantener bajo el dominio occidental. ¿Podía la cuna de la democracia ser parte del bloque comunista? No, por más que el Partido Comunista era muy poderoso en Grecia, pero la perseverancia del ministro ingles logró que permaneciese fuera de lo que él mismo dió en llamar “”la cortina de hierro””.

    El primero en morir fue Franklin Delano Roosevelt, el 12 de abril de 1945 sin ver concluida la Segunda Guerra Mundial. Su muerte fue fulminante, apenas llegó a expresar que le dolía la cabeza, mientras posaba para su retrato hecho por la pintora Elizabeth Shoumatoff frente a su amiga y amante Lucy Mercer.

    Comprobada la muerte del presidente por una hemorragia cerebral masiva, Lucy fue retirada discretamente de Warm Spring, la propiedad de Roosevelt donde pasaba su tiempo libre, antes de que llegara la primera dama, Eleanor Roosevelt. En estas luctuosas circunstancias , la esposa del presidente fue informada de la relación de larga data que su marido mantenía con Mercer, quien se había desempeñado como su secretaria. Para evitar un escándalo y preservar la imagen de quien había sido el mandatario más popular de los Estados Unidos (y el único que gobernó por cuatro periodos al país), Eleanor Roosevelt guardó silencio sobre la infidelidad de su marido, aunque “”no la habré de olvidar””.

    Stalin sufrió una hemorragia cerebral masiva pero, a diferencia de Roosevelt, pasó horas solo, consciente y sin poder articular palabra, tirado en el suelo de su dormitorio. Tal era el terror que inspiraba que, a pesar de haber pasado la hora habitual en la que solía despertarse, sus asistentes pensaron que aun dormía después de una noche regada por vodka. Recién a las diez de la noche (es decir más de medio día después), cuando llegó un paquete proveniente del Comité Central fue que uno de sus colaboradores entró y lo encontró en el suelo. Inmediatamente fue consultado Lavrenti Beria, el sinestro jefe de policía y del NKDV. Allí comprobaron que Stalin aún estaba vivo y decidieron llamar a un médico. Pero, ¿a quién? Meses antes Stalin había denunciado una conspiración de “”burgueses sionistas”” que comprometía a once eminentes profesionales rusos, siete de ellos de origen judío, entre los que se encontraba su médico de cabecera. Por esa denuncia, docenas de profesionales fueron apresados y torturados. Con Stalin en situación tan desesperante, varios médicos fueron excarcelados para tratar al hombre que los había puesto en prisión. Curiosamente, estos profesionales usaron sanguijuelas para bajarle la tensión arterial .

    La agonía duró días. Cada tanto, Stalin abría los ojos y miraba a quienes lo rodeaban, el mismo Beria, Nikita Jrushchov, Viacheslav Mólotov y su hija Svetlana. El 4 de marzo levantó su brazo izquierdo, abrió los ojos, hizo un gesto amenazador y después de eso nuevamente cayó en coma hasta el día siguiente cuando sufrió un paro cardiaco. La muerte de Stalin se prestó a muchas versiones, entre ellas decían que fue envenenado con warfarina, un anticoagulante que suele usarse como raticida. En realidad, desde hacía dos años el “”hombre de hierro”” venía sufriendo fallas en la memoria que alarmaron a su médico Vladímir Vinográdov, quien propuso un enérgico tratamiento para la hipertensión que lo aquejaba, pero Stalin lo envió a la cárcel, no hizo ningún tratamiento de los indicados y continuos con sus ingentes dosis de vodka que terminaron por convertirlo en una víctima más de los accidentes cerebrovasculares.

    Curiosamente, el mayor de este terceto, Sir Winston Churchill, fue el último en morir a pesar de llevar adelante una dieta rica en alcohol y tabaco, el inseparable puro del primer ministro. “”Les he sacado más provecho a ellos (el tabaco y el alcohol) que el daño que me hayan podido infligir””, solía decir.

    La lista de afecciones del estadista británico parece interminable, desde erisipela, fractura de hombro, faringitis, bronconeumonías, osteoporosis, etc., etc., etc. Su médico y amigo, Charles Wilson, Lord Moran, las describió en su libro Churchill y su lucha por sobrevivir en el que cuenta sus problemas médicos que comenzaron cuando Winston llegó a este mundo prematuramente, sorprendiendo a su madre en medio del baile de San Andrés en el Palacio de Blenheim que pertenecía a su ancestro el duque de Marlborough (sobre quien escribió una notable biografía). Pero el final fue secuela de un compromiso arterial vascular generalizado que lo llevó a un progresivo deterioro. Cuando John Kennedy lo nombró ciudadano honorario de los Estados Unidos, Churchill no pudo viajar. El 15 de enero de 1965 sufrió un ataque cardiaco que le ocasionó una trombosis cerebral. Falleció el 24 de enero, curiosamente la misma fecha en la que había muerto su padre 70 años antes. Dicen que sus últimas palabras fueron “”Todo es tan aburrido””.  Probablemente esos últimos años de retiro, de deterioro y vejez le habían resultado insufrible. Entre las últimas instrucciones que dio para su entierro fue que en caso que Charles de Gaulle asistirse a la ceremonia, la procesión debía comenzar en Waterloo Station, una secreta venganza para recordarle a su antiguo aliado, con el que había tenido infinidad de discusiones durante la contienda, de la superioridad de los ingleses …

    A este terceto afectado por compromisos vasculares podríamos agregar a Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe del ejército norteamericano durante la guerra y presidente de su país, quien durante su mandato sufrió un infarto. Al difundirse la causa de esta afección cardíaca, se popularizó la asociación entre los trastornos circulatorios y los altos niveles de colesterol, desconocida hasta la década del 50.

    Los accidentes cerebrovasculares son junto a las afecciones coronarias uno de las principales causas de muerte e invalidez en el mundo. Se estima que en el 2015, siete millones de personas murieron por esta causa. Bajo esa denominación de accidente cerebrovascular (ACV) se produce un déficit circulatorio en el cerebro tanto por isquemia o un infarto como por derrame o hemorragia (los de Roosevelt y Stalin fueron hemorrágicos, en el caso de Churchill fue por isquemia). De acuerdo a la localización en el cerebro podemos tener procesos de escasa sintomatología –cefalea, isquemia transitoria– hasta muerte súbita pasando por parálisis, afasias y otros trastornos mentales.

    La principal asociación es con la hipertensión, el sedentarismo, la excesiva ingesta de grasas, la diabetes, el consumo de tabaco y alcohol, aunque existen otras enfermedades como la enfermedad celiaca y la psoriasis que también son cocausales.

    El 3.5% de la población mayor a los 65 años puede sufrir un ACV, es la tercera causa de muerte en Europa y la primera entre las mujeres españolas. El 32% requiere rehabilitación y el 25% presenta alguna discapacidad que afecta su vida diaria. La mitad de estos padecen una depresión y muchos de ellos sufren algún tipo de deterioro intelectual en los meses siguientes al accidente.

    Por estas razones es que el 29 de octubre se ha declarado el Día Mundial de la lucha contra el ACV que venció a los vencedores de las Segunda Guerra Mundial.

    ——————————
    Omar López Mato
    Instituto de la Visión
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    From: Eusebio Garcia Riccomini
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    Estimado Omar, que buena analogía, has usado para demostrar que un ACV mata hasta a los más poderosos.
    El más joven en Morir que ya estaba deteriorado fue Roosevelt, con solo 63 años, Stalin tenía 10 más, (tampoco sabremos cuanta Vodka tomo en su vida) 
    Pero, Churchill a pesar de que era un depresivo severo, y que era de buena mesa, puro y champagne, es sorprendente, que muera a los 90 años 
    y con varios infartos y demases en el cuerpo. .
    La instrucción que da por De Gaulle, revela lo que lo pudo haber mantenido tanto tiempo, su increíble humor y chispa,
    que no le falto nunca. 
    Puede ser que ese también sea el remedio. 
    A su funeral, que fue el que más Lideres mundiales acudieron (solo fue superado mucho tiempo después, por el del Papa, Juan Pablo segundo), si fue De Gaulle por si acaso.
    No nos olvidemos que fue el Funeral, del británico más importante del siglo 20. 
    Y se lo merecía
    Por si les cabe alguna duda 
    Atentos y muy buen relato 
    atentos 
    Eusebio

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    El día mundial del accidente cerebrovascular

    Venciendo a los vencedores: Las enfermedades de Churchill, Roosevelt y Stalin

    Eran los dueños de medio mundo, conformaban la coalición más grande de la historia que se había constituido para pelear contra un enemigo común, el nazismo. Salieron victoriosos, pero cada uno y a su tiempo, fue vencido por las enfermedades cerebrovasculares que pusieron fin a sus días. Un enemigo demasiado poderoso que cada día se cobra más víctimas y al que solo podremos derrotar con tiempo, paciencia y voluntad.

    Durante las conferencias de Teherán, Yalta y Postdam, Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron el mundo cuando ya estaban seguros de su victoria.

    En las fotos se los ve sonrientes, dispuestos a mostrar a los medios que su alianza era imbatible y la victoria tan segura como los dedos en V que exhibía el primer ministro británico, pero los dos primeros ya sufrían las consecuencias del deterioro vascular que los llevaría de este mundo. Roosevelt no estaba en la plenitud de sus funciones, la secuela de poliomielitis le impedía moverse, y la arterosclerosis estaba minando su capacidad intelectual.

    Churchill no solo había caído en uno de esos pozos depresivos que como “”perros rabiosos”” a veces mordían su psiquis, sino que tuvo una disritmia cardiaca (fibrilación auricular) que trataron de ocultar para no poner en peligro la alianza. Solo Stalin estaba en dominio de la situación y por eso fue que la Unión Soviética se quedó con el este de Europa, hecha la excepción de Grecia que Churchill quería mantener bajo el dominio occidental. ¿Podía la cuna de la democracia ser parte del bloque comunista? No, por más que el Partido Comunista era muy poderoso en Grecia, pero la perseverancia del ministro ingles logró que permaneciese fuera de lo que él mismo dió en llamar “”la cortina de hierro””.

    El primero en morir fue Franklin Delano Roosevelt, el 12 de abril de 1945 sin ver concluida la Segunda Guerra Mundial. Su muerte fue fulminante, apenas llegó a expresar que le dolía la cabeza, mientras posaba para su retrato hecho por la pintora Elizabeth Shoumatoff frente a su amiga y amante Lucy Mercer.

    Comprobada la muerte del presidente por una hemorragia cerebral masiva, Lucy fue retirada discretamente de Warm Spring, la propiedad de Roosevelt donde pasaba su tiempo libre, antes de que llegara la primera dama, Eleanor Roosevelt. En estas luctuosas circunstancias , la esposa del presidente fue informada de la relación de larga data que su marido mantenía con Mercer, quien se había desempeñado como su secretaria. Para evitar un escándalo y preservar la imagen de quien había sido el mandatario más popular de los Estados Unidos (y el único que gobernó por cuatro periodos al país), Eleanor Roosevelt guardó silencio sobre la infidelidad de su marido, aunque “”no la habré de olvidar””.

    Stalin sufrió una hemorragia cerebral masiva pero, a diferencia de Roosevelt, pasó horas solo, consciente y sin poder articular palabra, tirado en el suelo de su dormitorio. Tal era el terror que inspiraba que, a pesar de haber pasado la hora habitual en la que solía despertarse, sus asistentes pensaron que aun dormía después de una noche regada por vodka. Recién a las diez de la noche (es decir más de medio día después), cuando llegó un paquete proveniente del Comité Central fue que uno de sus colaboradores entró y lo encontró en el suelo. Inmediatamente fue consultado Lavrenti Beria, el sinestro jefe de policía y del NKDV. Allí comprobaron que Stalin aún estaba vivo y decidieron llamar a un médico. Pero, ¿a quién? Meses antes Stalin había denunciado una conspiración de “”burgueses sionistas”” que comprometía a once eminentes profesionales rusos, siete de ellos de origen judío, entre los que se encontraba su médico de cabecera. Por esa denuncia, docenas de profesionales fueron apresados y torturados. Con Stalin en situación tan desesperante, varios médicos fueron excarcelados para tratar al hombre que los había puesto en prisión. Curiosamente, estos profesionales usaron sanguijuelas para bajarle la tensión arterial .

    La agonía duró días. Cada tanto, Stalin abría los ojos y miraba a quienes lo rodeaban, el mismo Beria, Nikita Jrushchov, Viacheslav Mólotov y su hija Svetlana. El 4 de marzo levantó su brazo izquierdo, abrió los ojos, hizo un gesto amenazador y después de eso nuevamente cayó en coma hasta el día siguiente cuando sufrió un paro cardiaco. La muerte de Stalin se prestó a muchas versiones, entre ellas decían que fue envenenado con warfarina, un anticoagulante que suele usarse como raticida. En realidad, desde hacía dos años el “”hombre de hierro”” venía sufriendo fallas en la memoria que alarmaron a su médico Vladímir Vinográdov, quien propuso un enérgico tratamiento para la hipertensión que lo aquejaba, pero Stalin lo envió a la cárcel, no hizo ningún tratamiento de los indicados y continuos con sus ingentes dosis de vodka que terminaron por convertirlo en una víctima más de los accidentes cerebrovasculares.

    Curiosamente, el mayor de este terceto, Sir Winston Churchill, fue el último en morir a pesar de llevar adelante una dieta rica en alcohol y tabaco, el inseparable puro del primer ministro. “”Les he sacado más provecho a ellos (el tabaco y el alcohol) que el daño que me hayan podido infligir””, solía decir.

    La lista de afecciones del estadista británico parece interminable, desde erisipela, fractura de hombro, faringitis, bronconeumonías, osteoporosis, etc., etc., etc. Su médico y amigo, Charles Wilson, Lord Moran, las describió en su libro Churchill y su lucha por sobrevivir en el que cuenta sus problemas médicos que comenzaron cuando Winston llegó a este mundo prematuramente, sorprendiendo a su madre en medio del baile de San Andrés en el Palacio de Blenheim que pertenecía a su ancestro el duque de Marlborough (sobre quien escribió una notable biografía). Pero el final fue secuela de un compromiso arterial vascular generalizado que lo llevó a un progresivo deterioro. Cuando John Kennedy lo nombró ciudadano honorario de los Estados Unidos, Churchill no pudo viajar. El 15 de enero de 1965 sufrió un ataque cardiaco que le ocasionó una trombosis cerebral. Falleció el 24 de enero, curiosamente la misma fecha en la que había muerto su padre 70 años antes. Dicen que sus últimas palabras fueron “”Todo es tan aburrido””.  Probablemente esos últimos años de retiro, de deterioro y vejez le habían resultado insufrible. Entre las últimas instrucciones que dio para su entierro fue que en caso que Charles de Gaulle asistirse a la ceremonia, la procesión debía comenzar en Waterloo Station, una secreta venganza para recordarle a su antiguo aliado, con el que había tenido infinidad de discusiones durante la contienda, de la superioridad de los ingleses …

    A este terceto afectado por compromisos vasculares podríamos agregar a Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe del ejército norteamericano durante la guerra y presidente de su país, quien durante su mandato sufrió un infarto. Al difundirse la causa de esta afección cardíaca, se popularizó la asociación entre los trastornos circulatorios y los altos niveles de colesterol, desconocida hasta la década del 50.

    Los accidentes cerebrovasculares son junto a las afecciones coronarias uno de las principales causas de muerte e invalidez en el mundo. Se estima que en el 2015, siete millones de personas murieron por esta causa. Bajo esa denominación de accidente cerebrovascular (ACV) se produce un déficit circulatorio en el cerebro tanto por isquemia o un infarto como por derrame o hemorragia (los de Roosevelt y Stalin fueron hemorrágicos, en el caso de Churchill fue por isquemia). De acuerdo a la localización en el cerebro podemos tener procesos de escasa sintomatología –cefalea, isquemia transitoria– hasta muerte súbita pasando por parálisis, afasias y otros trastornos mentales.

    La principal asociación es con la hipertensión, el sedentarismo, la excesiva ingesta de grasas, la diabetes, el consumo de tabaco y alcohol, aunque existen otras enfermedades como la enfermedad celiaca y la psoriasis que también son cocausales.

    El 3.5% de la población mayor a los 65 años puede sufrir un ACV, es la tercera causa de muerte en Europa y la primera entre las mujeres españolas. El 32% requiere rehabilitación y el 25% presenta alguna discapacidad que afecta su vida diaria. La mitad de estos padecen una depresión y muchos de ellos sufren algún tipo de deterioro intelectual en los meses siguientes al accidente.

    Por estas razones es que el 29 de octubre se ha declarado el Día Mundial de la lucha contra el ACV que venció a los vencedores de las Segunda Guerra Mundial.

    ——————————
    Omar López Mato
    Instituto de la Visión
    ——————————

    Esto se me olvidaba y el único líder y el único presidente en Ejercicio que no fue al funeral ni a entrevistarse con la Reina Isabel (una tradición muy habitual en USA =
    Por lo que fue muy criticado, fue Lindón B Jonhson, acuso tener un resfrío, pero si ustedes ven las fotos de la Reina recién fallecida con los presidentes de EEUU, solo falta el, al parecer no tenía ningún cariño con la Madre Patria, 
    Tampoco fue tan importante, ya que su papel como presidente y como condujo la guerra de Vietnam, fue más que deplorable 
    En su Ataúd Winston estaba feliz de que no estuviera. 
    Saludos 
    Eusebio

    ——————————
    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
    ——————————
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    Sent: 10-29-2022 08:28
    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

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    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

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    Sent: 10-29-2022 08:25
    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

    Estimado Omar, que buena analogía, has usado para demostrar que un ACV mata hasta a los más poderosos.
    El más joven en Morir que ya estaba deteriorado fue Roosevelt, con solo 63 años, Stalin tenía 10 más, (tampoco sabremos cuanta Vodka tomo en su vida) 
    Pero, Churchill a pesar de que era un depresivo severo, y que era de buena mesa, puro y champagne, es sorprendente, que muera a los 90 años 
    y con varios infartos y demases en el cuerpo. .
    La instrucción que da por De Gaulle, revela lo que lo pudo haber mantenido tanto tiempo, su increíble humor y chispa,
    que no le falto nunca. 
    Puede ser que ese también sea el remedio. 
    A su funeral, que fue el que más Lideres mundiales acudieron (solo fue superado mucho tiempo después, por el del Papa, Juan Pablo segundo), si fue De Gaulle por si acaso.
    No nos olvidemos que fue el Funeral, del británico más importante del siglo 20. 
    Y se lo merecía
    Por si les cabe alguna duda 
    Atentos y muy buen relato 
    atentos 
    Eusebio

    ——————————
    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
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    Sent: 10-29-2022 07:51
    From: Omar López Mato
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

     

    El día mundial del accidente cerebrovascular

    Venciendo a los vencedores: Las enfermedades de Churchill, Roosevelt y Stalin

    Eran los dueños de medio mundo, conformaban la coalición más grande de la historia que se había constituido para pelear contra un enemigo común, el nazismo. Salieron victoriosos, pero cada uno y a su tiempo, fue vencido por las enfermedades cerebrovasculares que pusieron fin a sus días. Un enemigo demasiado poderoso que cada día se cobra más víctimas y al que solo podremos derrotar con tiempo, paciencia y voluntad.

    Durante las conferencias de Teherán, Yalta y Postdam, Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron el mundo cuando ya estaban seguros de su victoria.

    En las fotos se los ve sonrientes, dispuestos a mostrar a los medios que su alianza era imbatible y la victoria tan segura como los dedos en V que exhibía el primer ministro británico, pero los dos primeros ya sufrían las consecuencias del deterioro vascular que los llevaría de este mundo. Roosevelt no estaba en la plenitud de sus funciones, la secuela de poliomielitis le impedía moverse, y la arterosclerosis estaba minando su capacidad intelectual.

    Churchill no solo había caído en uno de esos pozos depresivos que como “”perros rabiosos”” a veces mordían su psiquis, sino que tuvo una disritmia cardiaca (fibrilación auricular) que trataron de ocultar para no poner en peligro la alianza. Solo Stalin estaba en dominio de la situación y por eso fue que la Unión Soviética se quedó con el este de Europa, hecha la excepción de Grecia que Churchill quería mantener bajo el dominio occidental. ¿Podía la cuna de la democracia ser parte del bloque comunista? No, por más que el Partido Comunista era muy poderoso en Grecia, pero la perseverancia del ministro ingles logró que permaneciese fuera de lo que él mismo dió en llamar “”la cortina de hierro””.

    El primero en morir fue Franklin Delano Roosevelt, el 12 de abril de 1945 sin ver concluida la Segunda Guerra Mundial. Su muerte fue fulminante, apenas llegó a expresar que le dolía la cabeza, mientras posaba para su retrato hecho por la pintora Elizabeth Shoumatoff frente a su amiga y amante Lucy Mercer.

    Comprobada la muerte del presidente por una hemorragia cerebral masiva, Lucy fue retirada discretamente de Warm Spring, la propiedad de Roosevelt donde pasaba su tiempo libre, antes de que llegara la primera dama, Eleanor Roosevelt. En estas luctuosas circunstancias , la esposa del presidente fue informada de la relación de larga data que su marido mantenía con Mercer, quien se había desempeñado como su secretaria. Para evitar un escándalo y preservar la imagen de quien había sido el mandatario más popular de los Estados Unidos (y el único que gobernó por cuatro periodos al país), Eleanor Roosevelt guardó silencio sobre la infidelidad de su marido, aunque “”no la habré de olvidar””.

    Stalin sufrió una hemorragia cerebral masiva pero, a diferencia de Roosevelt, pasó horas solo, consciente y sin poder articular palabra, tirado en el suelo de su dormitorio. Tal era el terror que inspiraba que, a pesar de haber pasado la hora habitual en la que solía despertarse, sus asistentes pensaron que aun dormía después de una noche regada por vodka. Recién a las diez de la noche (es decir más de medio día después), cuando llegó un paquete proveniente del Comité Central fue que uno de sus colaboradores entró y lo encontró en el suelo. Inmediatamente fue consultado Lavrenti Beria, el sinestro jefe de policía y del NKDV. Allí comprobaron que Stalin aún estaba vivo y decidieron llamar a un médico. Pero, ¿a quién? Meses antes Stalin había denunciado una conspiración de “”burgueses sionistas”” que comprometía a once eminentes profesionales rusos, siete de ellos de origen judío, entre los que se encontraba su médico de cabecera. Por esa denuncia, docenas de profesionales fueron apresados y torturados. Con Stalin en situación tan desesperante, varios médicos fueron excarcelados para tratar al hombre que los había puesto en prisión. Curiosamente, estos profesionales usaron sanguijuelas para bajarle la tensión arterial .

    La agonía duró días. Cada tanto, Stalin abría los ojos y miraba a quienes lo rodeaban, el mismo Beria, Nikita Jrushchov, Viacheslav Mólotov y su hija Svetlana. El 4 de marzo levantó su brazo izquierdo, abrió los ojos, hizo un gesto amenazador y después de eso nuevamente cayó en coma hasta el día siguiente cuando sufrió un paro cardiaco. La muerte de Stalin se prestó a muchas versiones, entre ellas decían que fue envenenado con warfarina, un anticoagulante que suele usarse como raticida. En realidad, desde hacía dos años el “”hombre de hierro”” venía sufriendo fallas en la memoria que alarmaron a su médico Vladímir Vinográdov, quien propuso un enérgico tratamiento para la hipertensión que lo aquejaba, pero Stalin lo envió a la cárcel, no hizo ningún tratamiento de los indicados y continuos con sus ingentes dosis de vodka que terminaron por convertirlo en una víctima más de los accidentes cerebrovasculares.

    Curiosamente, el mayor de este terceto, Sir Winston Churchill, fue el último en morir a pesar de llevar adelante una dieta rica en alcohol y tabaco, el inseparable puro del primer ministro. “”Les he sacado más provecho a ellos (el tabaco y el alcohol) que el daño que me hayan podido infligir””, solía decir.

    La lista de afecciones del estadista británico parece interminable, desde erisipela, fractura de hombro, faringitis, bronconeumonías, osteoporosis, etc., etc., etc. Su médico y amigo, Charles Wilson, Lord Moran, las describió en su libro Churchill y su lucha por sobrevivir en el que cuenta sus problemas médicos que comenzaron cuando Winston llegó a este mundo prematuramente, sorprendiendo a su madre en medio del baile de San Andrés en el Palacio de Blenheim que pertenecía a su ancestro el duque de Marlborough (sobre quien escribió una notable biografía). Pero el final fue secuela de un compromiso arterial vascular generalizado que lo llevó a un progresivo deterioro. Cuando John Kennedy lo nombró ciudadano honorario de los Estados Unidos, Churchill no pudo viajar. El 15 de enero de 1965 sufrió un ataque cardiaco que le ocasionó una trombosis cerebral. Falleció el 24 de enero, curiosamente la misma fecha en la que había muerto su padre 70 años antes. Dicen que sus últimas palabras fueron “”Todo es tan aburrido””.  Probablemente esos últimos años de retiro, de deterioro y vejez le habían resultado insufrible. Entre las últimas instrucciones que dio para su entierro fue que en caso que Charles de Gaulle asistirse a la ceremonia, la procesión debía comenzar en Waterloo Station, una secreta venganza para recordarle a su antiguo aliado, con el que había tenido infinidad de discusiones durante la contienda, de la superioridad de los ingleses …

    A este terceto afectado por compromisos vasculares podríamos agregar a Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe del ejército norteamericano durante la guerra y presidente de su país, quien durante su mandato sufrió un infarto. Al difundirse la causa de esta afección cardíaca, se popularizó la asociación entre los trastornos circulatorios y los altos niveles de colesterol, desconocida hasta la década del 50.

    Los accidentes cerebrovasculares son junto a las afecciones coronarias uno de las principales causas de muerte e invalidez en el mundo. Se estima que en el 2015, siete millones de personas murieron por esta causa. Bajo esa denominación de accidente cerebrovascular (ACV) se produce un déficit circulatorio en el cerebro tanto por isquemia o un infarto como por derrame o hemorragia (los de Roosevelt y Stalin fueron hemorrágicos, en el caso de Churchill fue por isquemia). De acuerdo a la localización en el cerebro podemos tener procesos de escasa sintomatología –cefalea, isquemia transitoria– hasta muerte súbita pasando por parálisis, afasias y otros trastornos mentales.

    La principal asociación es con la hipertensión, el sedentarismo, la excesiva ingesta de grasas, la diabetes, el consumo de tabaco y alcohol, aunque existen otras enfermedades como la enfermedad celiaca y la psoriasis que también son cocausales.

    El 3.5% de la población mayor a los 65 años puede sufrir un ACV, es la tercera causa de muerte en Europa y la primera entre las mujeres españolas. El 32% requiere rehabilitación y el 25% presenta alguna discapacidad que afecta su vida diaria. La mitad de estos padecen una depresión y muchos de ellos sufren algún tipo de deterioro intelectual en los meses siguientes al accidente.

    Por estas razones es que el 29 de octubre se ha declarado el Día Mundial de la lucha contra el ACV que venció a los vencedores de las Segunda Guerra Mundial.

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    Omar López Mato
    Instituto de la Visión
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    Y si un pavo ,Johnson … mejor olvidarlo …la pregunta es que hubiese hecho Kennedy con Vietnam ? 

    Cómo siempre gracias por tus comentarios 
    Saludos 

    El sáb., 29 de octubre de 2022 5:55 p. m., Eusebio Garcia Riccomini via Asociación Latinoamericana de Cirujanos de Catarata, Segmento Anterior y Refractiva <Mail@connectedcommunity.org> escribió:

    Esto se me olvidaba y el único líder y el único presidente en Ejercicio que no fue al funeral ni a entrevistarse con la Reina Isabel (una…
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    Re: Día Mundial de la lucha contra el ACV
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    Oct 29, 2022 1:53 PM
    Eusebio Garcia Riccomini
    Esto se me olvidaba y el único líder y el único presidente en Ejercicio que no fue al funeral ni a entrevistarse con la Reina Isabel (una tradición muy habitual en USA =
    Por lo que fue muy criticado, fue Lindón B Jonhson, acuso tener un resfrío, pero si ustedes ven las fotos de la Reina recién fallecida con los presidentes de EEUU, solo falta el, al parecer no tenía ningún cariño con la Madre Patria, 
    Tampoco fue tan importante, ya que su papel como presidente y como condujo la guerra de Vietnam, fue más que deplorable 
    En su Ataúd Winston estaba feliz de que no estuviera. 
    Saludos 
    Eusebio

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    Eusebio Garcia Riccomini
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    Sent: 10-29-2022 08:28

     
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    Sent: 10/29/2022 4:53:00 PM
    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: RE: Día Mundial de la lucha contra el ACV

    Esto se me olvidaba y el único líder y el único presidente en Ejercicio que no fue al funeral ni a entrevistarse con la Reina Isabel (una tradición muy habitual en USA =
    Por lo que fue muy criticado, fue Lindón B Jonhson, acuso tener un resfrío, pero si ustedes ven las fotos de la Reina recién fallecida con los presidentes de EEUU, solo falta el, al parecer no tenía ningún cariño con la Madre Patria, 
    Tampoco fue tan importante, ya que su papel como presidente y como condujo la guerra de Vietnam, fue más que deplorable 
    En su Ataúd Winston estaba feliz de que no estuviera. 
    Saludos 
    Eusebio

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    Sent: 10-29-2022 08:25
    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

    Estimado Omar, que buena analogía, has usado para demostrar que un ACV mata hasta a los más poderosos.
    El más joven en Morir que ya estaba deteriorado fue Roosevelt, con solo 63 años, Stalin tenía 10 más, (tampoco sabremos cuanta Vodka tomo en su vida) 
    Pero, Churchill a pesar de que era un depresivo severo, y que era de buena mesa, puro y champagne, es sorprendente, que muera a los 90 años 
    y con varios infartos y demases en el cuerpo. .
    La instrucción que da por De Gaulle, revela lo que lo pudo haber mantenido tanto tiempo, su increíble humor y chispa,
    que no le falto nunca. 
    Puede ser que ese también sea el remedio. 
    A su funeral, que fue el que más Lideres mundiales acudieron (solo fue superado mucho tiempo después, por el del Papa, Juan Pablo segundo), si fue De Gaulle por si acaso.
    No nos olvidemos que fue el Funeral, del británico más importante del siglo 20. 
    Y se lo merecía
    Por si les cabe alguna duda 
    Atentos y muy buen relato 
    atentos 
    Eusebio

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    Sent: 10-29-2022 07:51
    From: Omar López Mato
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    El día mundial del accidente cerebrovascular

    Venciendo a los vencedores: Las enfermedades de Churchill, Roosevelt y Stalin

    Eran los dueños de medio mundo, conformaban la coalición más grande de la historia que se había constituido para pelear contra un enemigo común, el nazismo. Salieron victoriosos, pero cada uno y a su tiempo, fue vencido por las enfermedades cerebrovasculares que pusieron fin a sus días. Un enemigo demasiado poderoso que cada día se cobra más víctimas y al que solo podremos derrotar con tiempo, paciencia y voluntad.

    Durante las conferencias de Teherán, Yalta y Postdam, Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron el mundo cuando ya estaban seguros de su victoria.

    En las fotos se los ve sonrientes, dispuestos a mostrar a los medios que su alianza era imbatible y la victoria tan segura como los dedos en V que exhibía el primer ministro británico, pero los dos primeros ya sufrían las consecuencias del deterioro vascular que los llevaría de este mundo. Roosevelt no estaba en la plenitud de sus funciones, la secuela de poliomielitis le impedía moverse, y la arterosclerosis estaba minando su capacidad intelectual.

    Churchill no solo había caído en uno de esos pozos depresivos que como “”perros rabiosos”” a veces mordían su psiquis, sino que tuvo una disritmia cardiaca (fibrilación auricular) que trataron de ocultar para no poner en peligro la alianza. Solo Stalin estaba en dominio de la situación y por eso fue que la Unión Soviética se quedó con el este de Europa, hecha la excepción de Grecia que Churchill quería mantener bajo el dominio occidental. ¿Podía la cuna de la democracia ser parte del bloque comunista? No, por más que el Partido Comunista era muy poderoso en Grecia, pero la perseverancia del ministro ingles logró que permaneciese fuera de lo que él mismo dió en llamar “”la cortina de hierro””.

    El primero en morir fue Franklin Delano Roosevelt, el 12 de abril de 1945 sin ver concluida la Segunda Guerra Mundial. Su muerte fue fulminante, apenas llegó a expresar que le dolía la cabeza, mientras posaba para su retrato hecho por la pintora Elizabeth Shoumatoff frente a su amiga y amante Lucy Mercer.

    Comprobada la muerte del presidente por una hemorragia cerebral masiva, Lucy fue retirada discretamente de Warm Spring, la propiedad de Roosevelt donde pasaba su tiempo libre, antes de que llegara la primera dama, Eleanor Roosevelt. En estas luctuosas circunstancias , la esposa del presidente fue informada de la relación de larga data que su marido mantenía con Mercer, quien se había desempeñado como su secretaria. Para evitar un escándalo y preservar la imagen de quien había sido el mandatario más popular de los Estados Unidos (y el único que gobernó por cuatro periodos al país), Eleanor Roosevelt guardó silencio sobre la infidelidad de su marido, aunque “”no la habré de olvidar””.

    Stalin sufrió una hemorragia cerebral masiva pero, a diferencia de Roosevelt, pasó horas solo, consciente y sin poder articular palabra, tirado en el suelo de su dormitorio. Tal era el terror que inspiraba que, a pesar de haber pasado la hora habitual en la que solía despertarse, sus asistentes pensaron que aun dormía después de una noche regada por vodka. Recién a las diez de la noche (es decir más de medio día después), cuando llegó un paquete proveniente del Comité Central fue que uno de sus colaboradores entró y lo encontró en el suelo. Inmediatamente fue consultado Lavrenti Beria, el sinestro jefe de policía y del NKDV. Allí comprobaron que Stalin aún estaba vivo y decidieron llamar a un médico. Pero, ¿a quién? Meses antes Stalin había denunciado una conspiración de “”burgueses sionistas”” que comprometía a once eminentes profesionales rusos, siete de ellos de origen judío, entre los que se encontraba su médico de cabecera. Por esa denuncia, docenas de profesionales fueron apresados y torturados. Con Stalin en situación tan desesperante, varios médicos fueron excarcelados para tratar al hombre que los había puesto en prisión. Curiosamente, estos profesionales usaron sanguijuelas para bajarle la tensión arterial .

    La agonía duró días. Cada tanto, Stalin abría los ojos y miraba a quienes lo rodeaban, el mismo Beria, Nikita Jrushchov, Viacheslav Mólotov y su hija Svetlana. El 4 de marzo levantó su brazo izquierdo, abrió los ojos, hizo un gesto amenazador y después de eso nuevamente cayó en coma hasta el día siguiente cuando sufrió un paro cardiaco. La muerte de Stalin se prestó a muchas versiones, entre ellas decían que fue envenenado con warfarina, un anticoagulante que suele usarse como raticida. En realidad, desde hacía dos años el “”hombre de hierro”” venía sufriendo fallas en la memoria que alarmaron a su médico Vladímir Vinográdov, quien propuso un enérgico tratamiento para la hipertensión que lo aquejaba, pero Stalin lo envió a la cárcel, no hizo ningún tratamiento de los indicados y continuos con sus ingentes dosis de vodka que terminaron por convertirlo en una víctima más de los accidentes cerebrovasculares.

    Curiosamente, el mayor de este terceto, Sir Winston Churchill, fue el último en morir a pesar de llevar adelante una dieta rica en alcohol y tabaco, el inseparable puro del primer ministro. “”Les he sacado más provecho a ellos (el tabaco y el alcohol) que el daño que me hayan podido infligir””, solía decir.

    La lista de afecciones del estadista británico parece interminable, desde erisipela, fractura de hombro, faringitis, bronconeumonías, osteoporosis, etc., etc., etc. Su médico y amigo, Charles Wilson, Lord Moran, las describió en su libro Churchill y su lucha por sobrevivir en el que cuenta sus problemas médicos que comenzaron cuando Winston llegó a este mundo prematuramente, sorprendiendo a su madre en medio del baile de San Andrés en el Palacio de Blenheim que pertenecía a su ancestro el duque de Marlborough (sobre quien escribió una notable biografía). Pero el final fue secuela de un compromiso arterial vascular generalizado que lo llevó a un progresivo deterioro. Cuando John Kennedy lo nombró ciudadano honorario de los Estados Unidos, Churchill no pudo viajar. El 15 de enero de 1965 sufrió un ataque cardiaco que le ocasionó una trombosis cerebral. Falleció el 24 de enero, curiosamente la misma fecha en la que había muerto su padre 70 años antes. Dicen que sus últimas palabras fueron “”Todo es tan aburrido””.  Probablemente esos últimos años de retiro, de deterioro y vejez le habían resultado insufrible. Entre las últimas instrucciones que dio para su entierro fue que en caso que Charles de Gaulle asistirse a la ceremonia, la procesión debía comenzar en Waterloo Station, una secreta venganza para recordarle a su antiguo aliado, con el que había tenido infinidad de discusiones durante la contienda, de la superioridad de los ingleses …

    A este terceto afectado por compromisos vasculares podríamos agregar a Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe del ejército norteamericano durante la guerra y presidente de su país, quien durante su mandato sufrió un infarto. Al difundirse la causa de esta afección cardíaca, se popularizó la asociación entre los trastornos circulatorios y los altos niveles de colesterol, desconocida hasta la década del 50.

    Los accidentes cerebrovasculares son junto a las afecciones coronarias uno de las principales causas de muerte e invalidez en el mundo. Se estima que en el 2015, siete millones de personas murieron por esta causa. Bajo esa denominación de accidente cerebrovascular (ACV) se produce un déficit circulatorio en el cerebro tanto por isquemia o un infarto como por derrame o hemorragia (los de Roosevelt y Stalin fueron hemorrágicos, en el caso de Churchill fue por isquemia). De acuerdo a la localización en el cerebro podemos tener procesos de escasa sintomatología –cefalea, isquemia transitoria– hasta muerte súbita pasando por parálisis, afasias y otros trastornos mentales.

    La principal asociación es con la hipertensión, el sedentarismo, la excesiva ingesta de grasas, la diabetes, el consumo de tabaco y alcohol, aunque existen otras enfermedades como la enfermedad celiaca y la psoriasis que también son cocausales.

    El 3.5% de la población mayor a los 65 años puede sufrir un ACV, es la tercera causa de muerte en Europa y la primera entre las mujeres españolas. El 32% requiere rehabilitación y el 25% presenta alguna discapacidad que afecta su vida diaria. La mitad de estos padecen una depresión y muchos de ellos sufren algún tipo de deterioro intelectual en los meses siguientes al accidente.

    Por estas razones es que el 29 de octubre se ha declarado el Día Mundial de la lucha contra el ACV que venció a los vencedores de las Segunda Guerra Mundial.

    ——————————
    Omar López Mato
    Instituto de la Visión
    ——————————

    Estimado, te envié mi respuesta por interno, o mi opinión ante tu pregunta 
    Da para un hilo cultural completo 
    atentos 
    Eusebio

    ——————————
    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
    ——————————
    ——————————————-
    Original Message:
    Sent: 10-29-2022 14:01
    From: Omar López Mato
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

    Y si un pavo ,Johnson … mejor olvidarlo …la pregunta es que hubiese hecho Kennedy con Vietnam ? 

    Cómo siempre gracias por tus comentarios 
    Saludos 

    El sáb., 29 de octubre de 2022 5:55 p. m., Eusebio Garcia Riccomini via Asociación Latinoamericana de Cirujanos de Catarata, Segmento Anterior y Refractiva <Mail@connectedcommunity.org> escribió:

    Esto se me olvidaba y el único líder y el único presidente en Ejercicio que no fue al funeral ni a entrevistarse con la Reina Isabel (una…
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    Re: Día Mundial de la lucha contra el ACV
    Responde al grupo Responde al remitente en privado
    Oct 29, 2022 1:53 PM
    Eusebio Garcia Riccomini
    Esto se me olvidaba y el único líder y el único presidente en Ejercicio que no fue al funeral ni a entrevistarse con la Reina Isabel (una tradición muy habitual en USA =
    Por lo que fue muy criticado, fue Lindón B Jonhson, acuso tener un resfrío, pero si ustedes ven las fotos de la Reina recién fallecida con los presidentes de EEUU, solo falta el, al parecer no tenía ningún cariño con la Madre Patria, 
    Tampoco fue tan importante, ya que su papel como presidente y como condujo la guerra de Vietnam, fue más que deplorable 
    En su Ataúd Winston estaba feliz de que no estuviera. 
    Saludos 
    Eusebio

    ——————————
    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
    ——————————

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    Original Message:
    Sent: 10-29-2022 08:28
     
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    Original Message:
    Sent: 10/29/2022 4:53:00 PM
    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: RE: Día Mundial de la lucha contra el ACV

    Esto se me olvidaba y el único líder y el único presidente en Ejercicio que no fue al funeral ni a entrevistarse con la Reina Isabel (una tradición muy habitual en USA =
    Por lo que fue muy criticado, fue Lindón B Jonhson, acuso tener un resfrío, pero si ustedes ven las fotos de la Reina recién fallecida con los presidentes de EEUU, solo falta el, al parecer no tenía ningún cariño con la Madre Patria, 
    Tampoco fue tan importante, ya que su papel como presidente y como condujo la guerra de Vietnam, fue más que deplorable 
    En su Ataúd Winston estaba feliz de que no estuviera. 
    Saludos 
    Eusebio

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    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
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    Original Message:
    Sent: 10-29-2022 08:28
    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

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    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
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    Santiago de Chile

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    Sent: 10-29-2022 08:26
    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

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    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
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    Sent: 10-29-2022 08:25
    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

    Estimado Omar, que buena analogía, has usado para demostrar que un ACV mata hasta a los más poderosos.
    El más joven en Morir que ya estaba deteriorado fue Roosevelt, con solo 63 años, Stalin tenía 10 más, (tampoco sabremos cuanta Vodka tomo en su vida) 
    Pero, Churchill a pesar de que era un depresivo severo, y que era de buena mesa, puro y champagne, es sorprendente, que muera a los 90 años 
    y con varios infartos y demases en el cuerpo. .
    La instrucción que da por De Gaulle, revela lo que lo pudo haber mantenido tanto tiempo, su increíble humor y chispa,
    que no le falto nunca. 
    Puede ser que ese también sea el remedio. 
    A su funeral, que fue el que más Lideres mundiales acudieron (solo fue superado mucho tiempo después, por el del Papa, Juan Pablo segundo), si fue De Gaulle por si acaso.
    No nos olvidemos que fue el Funeral, del británico más importante del siglo 20. 
    Y se lo merecía
    Por si les cabe alguna duda 
    Atentos y muy buen relato 
    atentos 
    Eusebio

    ——————————
    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile

    Original Message:
    Sent: 10-29-2022 07:51
    From: Omar López Mato
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

     

    El día mundial del accidente cerebrovascular

    Venciendo a los vencedores: Las enfermedades de Churchill, Roosevelt y Stalin

    Eran los dueños de medio mundo, conformaban la coalición más grande de la historia que se había constituido para pelear contra un enemigo común, el nazismo. Salieron victoriosos, pero cada uno y a su tiempo, fue vencido por las enfermedades cerebrovasculares que pusieron fin a sus días. Un enemigo demasiado poderoso que cada día se cobra más víctimas y al que solo podremos derrotar con tiempo, paciencia y voluntad.

    Durante las conferencias de Teherán, Yalta y Postdam, Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron el mundo cuando ya estaban seguros de su victoria.

    En las fotos se los ve sonrientes, dispuestos a mostrar a los medios que su alianza era imbatible y la victoria tan segura como los dedos en V que exhibía el primer ministro británico, pero los dos primeros ya sufrían las consecuencias del deterioro vascular que los llevaría de este mundo. Roosevelt no estaba en la plenitud de sus funciones, la secuela de poliomielitis le impedía moverse, y la arterosclerosis estaba minando su capacidad intelectual.

    Churchill no solo había caído en uno de esos pozos depresivos que como “”perros rabiosos”” a veces mordían su psiquis, sino que tuvo una disritmia cardiaca (fibrilación auricular) que trataron de ocultar para no poner en peligro la alianza. Solo Stalin estaba en dominio de la situación y por eso fue que la Unión Soviética se quedó con el este de Europa, hecha la excepción de Grecia que Churchill quería mantener bajo el dominio occidental. ¿Podía la cuna de la democracia ser parte del bloque comunista? No, por más que el Partido Comunista era muy poderoso en Grecia, pero la perseverancia del ministro ingles logró que permaneciese fuera de lo que él mismo dió en llamar “”la cortina de hierro””.

    El primero en morir fue Franklin Delano Roosevelt, el 12 de abril de 1945 sin ver concluida la Segunda Guerra Mundial. Su muerte fue fulminante, apenas llegó a expresar que le dolía la cabeza, mientras posaba para su retrato hecho por la pintora Elizabeth Shoumatoff frente a su amiga y amante Lucy Mercer.

    Comprobada la muerte del presidente por una hemorragia cerebral masiva, Lucy fue retirada discretamente de Warm Spring, la propiedad de Roosevelt donde pasaba su tiempo libre, antes de que llegara la primera dama, Eleanor Roosevelt. En estas luctuosas circunstancias , la esposa del presidente fue informada de la relación de larga data que su marido mantenía con Mercer, quien se había desempeñado como su secretaria. Para evitar un escándalo y preservar la imagen de quien había sido el mandatario más popular de los Estados Unidos (y el único que gobernó por cuatro periodos al país), Eleanor Roosevelt guardó silencio sobre la infidelidad de su marido, aunque “”no la habré de olvidar””.

    Stalin sufrió una hemorragia cerebral masiva pero, a diferencia de Roosevelt, pasó horas solo, consciente y sin poder articular palabra, tirado en el suelo de su dormitorio. Tal era el terror que inspiraba que, a pesar de haber pasado la hora habitual en la que solía despertarse, sus asistentes pensaron que aun dormía después de una noche regada por vodka. Recién a las diez de la noche (es decir más de medio día después), cuando llegó un paquete proveniente del Comité Central fue que uno de sus colaboradores entró y lo encontró en el suelo. Inmediatamente fue consultado Lavrenti Beria, el sinestro jefe de policía y del NKDV. Allí comprobaron que Stalin aún estaba vivo y decidieron llamar a un médico. Pero, ¿a quién? Meses antes Stalin había denunciado una conspiración de “”burgueses sionistas”” que comprometía a once eminentes profesionales rusos, siete de ellos de origen judío, entre los que se encontraba su médico de cabecera. Por esa denuncia, docenas de profesionales fueron apresados y torturados. Con Stalin en situación tan desesperante, varios médicos fueron excarcelados para tratar al hombre que los había puesto en prisión. Curiosamente, estos profesionales usaron sanguijuelas para bajarle la tensión arterial .

    La agonía duró días. Cada tanto, Stalin abría los ojos y miraba a quienes lo rodeaban, el mismo Beria, Nikita Jrushchov, Viacheslav Mólotov y su hija Svetlana. El 4 de marzo levantó su brazo izquierdo, abrió los ojos, hizo un gesto amenazador y después de eso nuevamente cayó en coma hasta el día siguiente cuando sufrió un paro cardiaco. La muerte de Stalin se prestó a muchas versiones, entre ellas decían que fue envenenado con warfarina, un anticoagulante que suele usarse como raticida. En realidad, desde hacía dos años el “”hombre de hierro”” venía sufriendo fallas en la memoria que alarmaron a su médico Vladímir Vinográdov, quien propuso un enérgico tratamiento para la hipertensión que lo aquejaba, pero Stalin lo envió a la cárcel, no hizo ningún tratamiento de los indicados y continuos con sus ingentes dosis de vodka que terminaron por convertirlo en una víctima más de los accidentes cerebrovasculares.

    Curiosamente, el mayor de este terceto, Sir Winston Churchill, fue el último en morir a pesar de llevar adelante una dieta rica en alcohol y tabaco, el inseparable puro del primer ministro. “”Les he sacado más provecho a ellos (el tabaco y el alcohol) que el daño que me hayan podido infligir””, solía decir.

    La lista de afecciones del estadista británico parece interminable, desde erisipela, fractura de hombro, faringitis, bronconeumonías, osteoporosis, etc., etc., etc. Su médico y amigo, Charles Wilson, Lord Moran, las describió en su libro Churchill y su lucha por sobrevivir en el que cuenta sus problemas médicos que comenzaron cuando Winston llegó a este mundo prematuramente, sorprendiendo a su madre en medio del baile de San Andrés en el Palacio de Blenheim que pertenecía a su ancestro el duque de Marlborough (sobre quien escribió una notable biografía). Pero el final fue secuela de un compromiso arterial vascular generalizado que lo llevó a un progresivo deterioro. Cuando John Kennedy lo nombró ciudadano honorario de los Estados Unidos, Churchill no pudo viajar. El 15 de enero de 1965 sufrió un ataque cardiaco que le ocasionó una trombosis cerebral. Falleció el 24 de enero, curiosamente la misma fecha en la que había muerto su padre 70 años antes. Dicen que sus últimas palabras fueron “”Todo es tan aburrido””.  Probablemente esos últimos años de retiro, de deterioro y vejez le habían resultado insufrible. Entre las últimas instrucciones que dio para su entierro fue que en caso que Charles de Gaulle asistirse a la ceremonia, la procesión debía comenzar en Waterloo Station, una secreta venganza para recordarle a su antiguo aliado, con el que había tenido infinidad de discusiones durante la contienda, de la superioridad de los ingleses …

    A este terceto afectado por compromisos vasculares podríamos agregar a Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe del ejército norteamericano durante la guerra y presidente de su país, quien durante su mandato sufrió un infarto. Al difundirse la causa de esta afección cardíaca, se popularizó la asociación entre los trastornos circulatorios y los altos niveles de colesterol, desconocida hasta la década del 50.

    Los accidentes cerebrovasculares son junto a las afecciones coronarias uno de las principales causas de muerte e invalidez en el mundo. Se estima que en el 2015, siete millones de personas murieron por esta causa. Bajo esa denominación de accidente cerebrovascular (ACV) se produce un déficit circulatorio en el cerebro tanto por isquemia o un infarto como por derrame o hemorragia (los de Roosevelt y Stalin fueron hemorrágicos, en el caso de Churchill fue por isquemia). De acuerdo a la localización en el cerebro podemos tener procesos de escasa sintomatología –cefalea, isquemia transitoria– hasta muerte súbita pasando por parálisis, afasias y otros trastornos mentales.

    La principal asociación es con la hipertensión, el sedentarismo, la excesiva ingesta de grasas, la diabetes, el consumo de tabaco y alcohol, aunque existen otras enfermedades como la enfermedad celiaca y la psoriasis que también son cocausales.

    El 3.5% de la población mayor a los 65 años puede sufrir un ACV, es la tercera causa de muerte en Europa y la primera entre las mujeres españolas. El 32% requiere rehabilitación y el 25% presenta alguna discapacidad que afecta su vida diaria. La mitad de estos padecen una depresión y muchos de ellos sufren algún tipo de deterioro intelectual en los meses siguientes al accidente.

    Por estas razones es que el 29 de octubre se ha declarado el Día Mundial de la lucha contra el ACV que venció a los vencedores de las Segunda Guerra Mundial.

    ——————————
    Omar López Mato
    Instituto de la Visión
    ——————————

    Querido Omar,
    Excelente  columna histórica  como todas las que compartes semana a semana. Con respecto a Stalin, les recomiendo el filme “”La muerte de Stalin””, donde satirizan todo el proceso de la muerte de Stalin hasta la asunción de Nikita Kruschev como nuevo presidente del PC de la Unión Soviética. Se recomienda que se abstengan de verla aquellos izquierdistas con mal sentido del humor que hayan olvidado que en el régimen de Stalin fue el que más  asesinatos se perpetraron en la historia de la humanidad luego de la dictadura de  Mao. 

    ——————————
    Dr. Daniel Badoza
    Director Médico del Instituto de la Visión
    Ex – Presidente Sociedad Argentina de Córnea, Cirugía Refractiva y Catarata (periodo 2015-2017)
    Marcelo T. de Alvear 2261
    Buenos Aires
    Argentina
    (5411) 60912900
    ——————————
    ——————————————-
    Original Message:
    Sent: 10-29-2022 07:51
    From: Omar López Mato
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

     

    El día mundial del accidente cerebrovascular

    Venciendo a los vencedores: Las enfermedades de Churchill, Roosevelt y Stalin

    Eran los dueños de medio mundo, conformaban la coalición más grande de la historia que se había constituido para pelear contra un enemigo común, el nazismo. Salieron victoriosos, pero cada uno y a su tiempo, fue vencido por las enfermedades cerebrovasculares que pusieron fin a sus días. Un enemigo demasiado poderoso que cada día se cobra más víctimas y al que solo podremos derrotar con tiempo, paciencia y voluntad.

    Durante las conferencias de Teherán, Yalta y Postdam, Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron el mundo cuando ya estaban seguros de su victoria.

    En las fotos se los ve sonrientes, dispuestos a mostrar a los medios que su alianza era imbatible y la victoria tan segura como los dedos en V que exhibía el primer ministro británico, pero los dos primeros ya sufrían las consecuencias del deterioro vascular que los llevaría de este mundo. Roosevelt no estaba en la plenitud de sus funciones, la secuela de poliomielitis le impedía moverse, y la arterosclerosis estaba minando su capacidad intelectual.

    Churchill no solo había caído en uno de esos pozos depresivos que como “”perros rabiosos”” a veces mordían su psiquis, sino que tuvo una disritmia cardiaca (fibrilación auricular) que trataron de ocultar para no poner en peligro la alianza. Solo Stalin estaba en dominio de la situación y por eso fue que la Unión Soviética se quedó con el este de Europa, hecha la excepción de Grecia que Churchill quería mantener bajo el dominio occidental. ¿Podía la cuna de la democracia ser parte del bloque comunista? No, por más que el Partido Comunista era muy poderoso en Grecia, pero la perseverancia del ministro ingles logró que permaneciese fuera de lo que él mismo dió en llamar “”la cortina de hierro””.

    El primero en morir fue Franklin Delano Roosevelt, el 12 de abril de 1945 sin ver concluida la Segunda Guerra Mundial. Su muerte fue fulminante, apenas llegó a expresar que le dolía la cabeza, mientras posaba para su retrato hecho por la pintora Elizabeth Shoumatoff frente a su amiga y amante Lucy Mercer.

    Comprobada la muerte del presidente por una hemorragia cerebral masiva, Lucy fue retirada discretamente de Warm Spring, la propiedad de Roosevelt donde pasaba su tiempo libre, antes de que llegara la primera dama, Eleanor Roosevelt. En estas luctuosas circunstancias , la esposa del presidente fue informada de la relación de larga data que su marido mantenía con Mercer, quien se había desempeñado como su secretaria. Para evitar un escándalo y preservar la imagen de quien había sido el mandatario más popular de los Estados Unidos (y el único que gobernó por cuatro periodos al país), Eleanor Roosevelt guardó silencio sobre la infidelidad de su marido, aunque “”no la habré de olvidar””.

    Stalin sufrió una hemorragia cerebral masiva pero, a diferencia de Roosevelt, pasó horas solo, consciente y sin poder articular palabra, tirado en el suelo de su dormitorio. Tal era el terror que inspiraba que, a pesar de haber pasado la hora habitual en la que solía despertarse, sus asistentes pensaron que aun dormía después de una noche regada por vodka. Recién a las diez de la noche (es decir más de medio día después), cuando llegó un paquete proveniente del Comité Central fue que uno de sus colaboradores entró y lo encontró en el suelo. Inmediatamente fue consultado Lavrenti Beria, el sinestro jefe de policía y del NKDV. Allí comprobaron que Stalin aún estaba vivo y decidieron llamar a un médico. Pero, ¿a quién? Meses antes Stalin había denunciado una conspiración de “”burgueses sionistas”” que comprometía a once eminentes profesionales rusos, siete de ellos de origen judío, entre los que se encontraba su médico de cabecera. Por esa denuncia, docenas de profesionales fueron apresados y torturados. Con Stalin en situación tan desesperante, varios médicos fueron excarcelados para tratar al hombre que los había puesto en prisión. Curiosamente, estos profesionales usaron sanguijuelas para bajarle la tensión arterial .

    La agonía duró días. Cada tanto, Stalin abría los ojos y miraba a quienes lo rodeaban, el mismo Beria, Nikita Jrushchov, Viacheslav Mólotov y su hija Svetlana. El 4 de marzo levantó su brazo izquierdo, abrió los ojos, hizo un gesto amenazador y después de eso nuevamente cayó en coma hasta el día siguiente cuando sufrió un paro cardiaco. La muerte de Stalin se prestó a muchas versiones, entre ellas decían que fue envenenado con warfarina, un anticoagulante que suele usarse como raticida. En realidad, desde hacía dos años el “”hombre de hierro”” venía sufriendo fallas en la memoria que alarmaron a su médico Vladímir Vinográdov, quien propuso un enérgico tratamiento para la hipertensión que lo aquejaba, pero Stalin lo envió a la cárcel, no hizo ningún tratamiento de los indicados y continuos con sus ingentes dosis de vodka que terminaron por convertirlo en una víctima más de los accidentes cerebrovasculares.

    Curiosamente, el mayor de este terceto, Sir Winston Churchill, fue el último en morir a pesar de llevar adelante una dieta rica en alcohol y tabaco, el inseparable puro del primer ministro. “”Les he sacado más provecho a ellos (el tabaco y el alcohol) que el daño que me hayan podido infligir””, solía decir.

    La lista de afecciones del estadista británico parece interminable, desde erisipela, fractura de hombro, faringitis, bronconeumonías, osteoporosis, etc., etc., etc. Su médico y amigo, Charles Wilson, Lord Moran, las describió en su libro Churchill y su lucha por sobrevivir en el que cuenta sus problemas médicos que comenzaron cuando Winston llegó a este mundo prematuramente, sorprendiendo a su madre en medio del baile de San Andrés en el Palacio de Blenheim que pertenecía a su ancestro el duque de Marlborough (sobre quien escribió una notable biografía). Pero el final fue secuela de un compromiso arterial vascular generalizado que lo llevó a un progresivo deterioro. Cuando John Kennedy lo nombró ciudadano honorario de los Estados Unidos, Churchill no pudo viajar. El 15 de enero de 1965 sufrió un ataque cardiaco que le ocasionó una trombosis cerebral. Falleció el 24 de enero, curiosamente la misma fecha en la que había muerto su padre 70 años antes. Dicen que sus últimas palabras fueron “”Todo es tan aburrido””.  Probablemente esos últimos años de retiro, de deterioro y vejez le habían resultado insufrible. Entre las últimas instrucciones que dio para su entierro fue que en caso que Charles de Gaulle asistirse a la ceremonia, la procesión debía comenzar en Waterloo Station, una secreta venganza para recordarle a su antiguo aliado, con el que había tenido infinidad de discusiones durante la contienda, de la superioridad de los ingleses …

    A este terceto afectado por compromisos vasculares podríamos agregar a Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe del ejército norteamericano durante la guerra y presidente de su país, quien durante su mandato sufrió un infarto. Al difundirse la causa de esta afección cardíaca, se popularizó la asociación entre los trastornos circulatorios y los altos niveles de colesterol, desconocida hasta la década del 50.

    Los accidentes cerebrovasculares son junto a las afecciones coronarias uno de las principales causas de muerte e invalidez en el mundo. Se estima que en el 2015, siete millones de personas murieron por esta causa. Bajo esa denominación de accidente cerebrovascular (ACV) se produce un déficit circulatorio en el cerebro tanto por isquemia o un infarto como por derrame o hemorragia (los de Roosevelt y Stalin fueron hemorrágicos, en el caso de Churchill fue por isquemia). De acuerdo a la localización en el cerebro podemos tener procesos de escasa sintomatología –cefalea, isquemia transitoria– hasta muerte súbita pasando por parálisis, afasias y otros trastornos mentales.

    La principal asociación es con la hipertensión, el sedentarismo, la excesiva ingesta de grasas, la diabetes, el consumo de tabaco y alcohol, aunque existen otras enfermedades como la enfermedad celiaca y la psoriasis que también son cocausales.

    El 3.5% de la población mayor a los 65 años puede sufrir un ACV, es la tercera causa de muerte en Europa y la primera entre las mujeres españolas. El 32% requiere rehabilitación y el 25% presenta alguna discapacidad que afecta su vida diaria. La mitad de estos padecen una depresión y muchos de ellos sufren algún tipo de deterioro intelectual en los meses siguientes al accidente.

    Por estas razones es que el 29 de octubre se ha declarado el Día Mundial de la lucha contra el ACV que venció a los vencedores de las Segunda Guerra Mundial.

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    Omar López Mato
    Instituto de la Visión
    ——————————

    Les cargo el afiche de la película porque no salió en mi mensaje anterior

    ——————————
    Dr. Daniel Badoza
    Director Médico del Instituto de la Visión
    Ex – Presidente Sociedad Argentina de Córnea, Cirugía Refractiva y Catarata (periodo 2015-2017)
    Marcelo T. de Alvear 2261
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    Argentina
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    Sent: 10-30-2022 06:36
    From: Daniel Badoza
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

    Querido Omar,
    Excelente  columna histórica  como todas las que compartes semana a semana. Con respecto a Stalin, les recomiendo el filme “”La muerte de Stalin””, donde satirizan todo el proceso de la muerte de Stalin hasta la asunción de Nikita Kruschev como nuevo presidente del PC de la Unión Soviética. Se recomienda que se abstengan de verla aquellos izquierdistas con mal sentido del humor que hayan olvidado que en el régimen de Stalin fue el que más  asesinatos se perpetraron en la historia de la humanidad luego de la dictadura de  Mao. 

    ——————————
    Dr. Daniel Badoza
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    Ex – Presidente Sociedad Argentina de Córnea, Cirugía Refractiva y Catarata (periodo 2015-2017)
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    Sent: 10-29-2022 07:51
    From: Omar López Mato
    Subject: Día Mundial de la lucha contra el ACV

     

    El día mundial del accidente cerebrovascular

    Venciendo a los vencedores: Las enfermedades de Churchill, Roosevelt y Stalin

    Eran los dueños de medio mundo, conformaban la coalición más grande de la historia que se había constituido para pelear contra un enemigo común, el nazismo. Salieron victoriosos, pero cada uno y a su tiempo, fue vencido por las enfermedades cerebrovasculares que pusieron fin a sus días. Un enemigo demasiado poderoso que cada día se cobra más víctimas y al que solo podremos derrotar con tiempo, paciencia y voluntad.

    Durante las conferencias de Teherán, Yalta y Postdam, Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron el mundo cuando ya estaban seguros de su victoria.

    En las fotos se los ve sonrientes, dispuestos a mostrar a los medios que su alianza era imbatible y la victoria tan segura como los dedos en V que exhibía el primer ministro británico, pero los dos primeros ya sufrían las consecuencias del deterioro vascular que los llevaría de este mundo. Roosevelt no estaba en la plenitud de sus funciones, la secuela de poliomielitis le impedía moverse, y la arterosclerosis estaba minando su capacidad intelectual.

    Churchill no solo había caído en uno de esos pozos depresivos que como “”perros rabiosos”” a veces mordían su psiquis, sino que tuvo una disritmia cardiaca (fibrilación auricular) que trataron de ocultar para no poner en peligro la alianza. Solo Stalin estaba en dominio de la situación y por eso fue que la Unión Soviética se quedó con el este de Europa, hecha la excepción de Grecia que Churchill quería mantener bajo el dominio occidental. ¿Podía la cuna de la democracia ser parte del bloque comunista? No, por más que el Partido Comunista era muy poderoso en Grecia, pero la perseverancia del ministro ingles logró que permaneciese fuera de lo que él mismo dió en llamar “”la cortina de hierro””.

    El primero en morir fue Franklin Delano Roosevelt, el 12 de abril de 1945 sin ver concluida la Segunda Guerra Mundial. Su muerte fue fulminante, apenas llegó a expresar que le dolía la cabeza, mientras posaba para su retrato hecho por la pintora Elizabeth Shoumatoff frente a su amiga y amante Lucy Mercer.

    Comprobada la muerte del presidente por una hemorragia cerebral masiva, Lucy fue retirada discretamente de Warm Spring, la propiedad de Roosevelt donde pasaba su tiempo libre, antes de que llegara la primera dama, Eleanor Roosevelt. En estas luctuosas circunstancias , la esposa del presidente fue informada de la relación de larga data que su marido mantenía con Mercer, quien se había desempeñado como su secretaria. Para evitar un escándalo y preservar la imagen de quien había sido el mandatario más popular de los Estados Unidos (y el único que gobernó por cuatro periodos al país), Eleanor Roosevelt guardó silencio sobre la infidelidad de su marido, aunque “”no la habré de olvidar””.

    Stalin sufrió una hemorragia cerebral masiva pero, a diferencia de Roosevelt, pasó horas solo, consciente y sin poder articular palabra, tirado en el suelo de su dormitorio. Tal era el terror que inspiraba que, a pesar de haber pasado la hora habitual en la que solía despertarse, sus asistentes pensaron que aun dormía después de una noche regada por vodka. Recién a las diez de la noche (es decir más de medio día después), cuando llegó un paquete proveniente del Comité Central fue que uno de sus colaboradores entró y lo encontró en el suelo. Inmediatamente fue consultado Lavrenti Beria, el sinestro jefe de policía y del NKDV. Allí comprobaron que Stalin aún estaba vivo y decidieron llamar a un médico. Pero, ¿a quién? Meses antes Stalin había denunciado una conspiración de “”burgueses sionistas”” que comprometía a once eminentes profesionales rusos, siete de ellos de origen judío, entre los que se encontraba su médico de cabecera. Por esa denuncia, docenas de profesionales fueron apresados y torturados. Con Stalin en situación tan desesperante, varios médicos fueron excarcelados para tratar al hombre que los había puesto en prisión. Curiosamente, estos profesionales usaron sanguijuelas para bajarle la tensión arterial .

    La agonía duró días. Cada tanto, Stalin abría los ojos y miraba a quienes lo rodeaban, el mismo Beria, Nikita Jrushchov, Viacheslav Mólotov y su hija Svetlana. El 4 de marzo levantó su brazo izquierdo, abrió los ojos, hizo un gesto amenazador y después de eso nuevamente cayó en coma hasta el día siguiente cuando sufrió un paro cardiaco. La muerte de Stalin se prestó a muchas versiones, entre ellas decían que fue envenenado con warfarina, un anticoagulante que suele usarse como raticida. En realidad, desde hacía dos años el “”hombre de hierro”” venía sufriendo fallas en la memoria que alarmaron a su médico Vladímir Vinográdov, quien propuso un enérgico tratamiento para la hipertensión que lo aquejaba, pero Stalin lo envió a la cárcel, no hizo ningún tratamiento de los indicados y continuos con sus ingentes dosis de vodka que terminaron por convertirlo en una víctima más de los accidentes cerebrovasculares.

    Curiosamente, el mayor de este terceto, Sir Winston Churchill, fue el último en morir a pesar de llevar adelante una dieta rica en alcohol y tabaco, el inseparable puro del primer ministro. “”Les he sacado más provecho a ellos (el tabaco y el alcohol) que el daño que me hayan podido infligir””, solía decir.

    La lista de afecciones del estadista británico parece interminable, desde erisipela, fractura de hombro, faringitis, bronconeumonías, osteoporosis, etc., etc., etc. Su médico y amigo, Charles Wilson, Lord Moran, las describió en su libro Churchill y su lucha por sobrevivir en el que cuenta sus problemas médicos que comenzaron cuando Winston llegó a este mundo prematuramente, sorprendiendo a su madre en medio del baile de San Andrés en el Palacio de Blenheim que pertenecía a su ancestro el duque de Marlborough (sobre quien escribió una notable biografía). Pero el final fue secuela de un compromiso arterial vascular generalizado que lo llevó a un progresivo deterioro. Cuando John Kennedy lo nombró ciudadano honorario de los Estados Unidos, Churchill no pudo viajar. El 15 de enero de 1965 sufrió un ataque cardiaco que le ocasionó una trombosis cerebral. Falleció el 24 de enero, curiosamente la misma fecha en la que había muerto su padre 70 años antes. Dicen que sus últimas palabras fueron “”Todo es tan aburrido””.  Probablemente esos últimos años de retiro, de deterioro y vejez le habían resultado insufrible. Entre las últimas instrucciones que dio para su entierro fue que en caso que Charles de Gaulle asistirse a la ceremonia, la procesión debía comenzar en Waterloo Station, una secreta venganza para recordarle a su antiguo aliado, con el que había tenido infinidad de discusiones durante la contienda, de la superioridad de los ingleses …

    A este terceto afectado por compromisos vasculares podríamos agregar a Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe del ejército norteamericano durante la guerra y presidente de su país, quien durante su mandato sufrió un infarto. Al difundirse la causa de esta afección cardíaca, se popularizó la asociación entre los trastornos circulatorios y los altos niveles de colesterol, desconocida hasta la década del 50.

    Los accidentes cerebrovasculares son junto a las afecciones coronarias uno de las principales causas de muerte e invalidez en el mundo. Se estima que en el 2015, siete millones de personas murieron por esta causa. Bajo esa denominación de accidente cerebrovascular (ACV) se produce un déficit circulatorio en el cerebro tanto por isquemia o un infarto como por derrame o hemorragia (los de Roosevelt y Stalin fueron hemorrágicos, en el caso de Churchill fue por isquemia). De acuerdo a la localización en el cerebro podemos tener procesos de escasa sintomatología –cefalea, isquemia transitoria– hasta muerte súbita pasando por parálisis, afasias y otros trastornos mentales.

    La principal asociación es con la hipertensión, el sedentarismo, la excesiva ingesta de grasas, la diabetes, el consumo de tabaco y alcohol, aunque existen otras enfermedades como la enfermedad celiaca y la psoriasis que también son cocausales.

    El 3.5% de la población mayor a los 65 años puede sufrir un ACV, es la tercera causa de muerte en Europa y la primera entre las mujeres españolas. El 32% requiere rehabilitación y el 25% presenta alguna discapacidad que afecta su vida diaria. La mitad de estos padecen una depresión y muchos de ellos sufren algún tipo de deterioro intelectual en los meses siguientes al accidente.

    Por estas razones es que el 29 de octubre se ha declarado el Día Mundial de la lucha contra el ACV que venció a los vencedores de las Segunda Guerra Mundial.

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    Omar López Mato
    Instituto de la Visión
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