Los males de la divina Sarah

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  • “”Hay cinco clases de actrices: las malas, las regulares, las buenas, las grandes actrices… y Sarah Bernhardt””, decía Mark Twain, marcando la diferencia que la convertiría a la diva francesa en una superestrella.
    Las veleidades de Madonna, las excentricidades de Lady Gaga, ni las demás estrellas del rock, no son nuevas ni invento de la modernidad. No hay nada nuevo en este mundo estrellado que la divina Sarah no haya creado antes, desde la incertidumbre de su fecha de nacimiento, que le confería al menos dudas sobre su edad, hasta sus misteriosos orígenes, sus sonados romances, sus relaciones con la nobleza, dignatarios y médicos, escándalos sexuales y éxitos apoteóticos que cimentaron su celebridad al punto que estamos hablando de ella 102 años después.
    Aunque su acta de nacimiento se extravió durante los disturbios de la Comuna de París en 1871, sus biógrafos coinciden en decir que nació en 1844, hija de una cortesana y padre desconocido, aunque todos señalen al duque de Morny –hermano de Napoleón III– como procreador.
    Si bien no se sabe si fue su padre, sabemos que fue su protector y consejero. Fue él quien la instó a inscribirse en el conservatorio y quien le permitió entrar a la Comédie-Française gracias a sus contactos.
    Su primer gran éxito fue en “”Las mujeres sabias”” (“”Les Femmes savantes””) de Molière en 1867, tres años después de haber dado a luz a su único hijo, Maurice Bernhardt, fruto de una relación con el príncipe de Ligne, quien, al enterarse que Sarah estaba embarazada, la abandonó. Cuentan que años más tarde el príncipe se acercó a Maurice, dispuesto a reconocerlo, pero este rechazó la propuesta; para él, era más importante ser el hijo de  divina Sarah que de un príncipe.
    Más de un vez quebró, pero con su trabajo y su talento supo rehacerse.
    Sarah, al igual que su madre y sus hermanas, fue una cortesana y vivió de los favores de sus amantes ocasionales. Una vez que su carrera se afianzó, pudo mantenerse con su trabajo y rescató a sus hermanas de una vida disipada. Para apartarla a su hermana Jeanne de ese destino, la llevó en sus giras, donde se convirtió en actriz de la compañía. Lamentablemente, Jeanne se hizo adicta a la morfina.
    Sarah continuó con su carrera ascendente representando papeles dramáticos para los que estaba especialmente dotada, como “”La dama de las camelias”” de Alejandro Dumas (hijo), autor que había estimulado a la talentosa y bella actriz en sus comienzos.
    Pero Sarah también sobresalía cuando hacía papeles masculinos, como su célebre representación de Hamlet. Todos los que tuvieron la oportunidad de verla destacaban su voz dorada. 
    Su talento, sin embargo, no se limitaba a la actuación: pintaba y esculpía especialmente bien, al punto que algunos dudaban que las obras fueran suyas.
    Su fama la llevó por el mundo. En Estados Unidos, las entradas para verla actuar se agotaban en horas, por más que cobraran 40 dólares por butaca, una suma exorbitante para la época. En Inglaterra conoció a Oscar Wilde y, años más tarde, estrenaría su “”Salomé””. Visitó América Latina y se detuvo en Buenos Aires antes de cruzar a Chile por el Cabo de Hornos.
    En 1886, volviendo de Sudáfrica en barco, se cayó y sufrió una lesión en la rodilla, una dolencia que empeoró con el tiempo a punto de dificultarle el desplazamiento en escena.
    Entre sus muchos amantes estaba el doctor Samuel Jean de Pozzi, uno de los cirujanos ginecológicos más destacados de París, conocido también por su elegancia y dotes galantes,  quien la operó de un quiste ovárico en 1898.
    Su pierna continuó dándole problemas hasta que en 1914, decidieron inmovilizarla, pero el resultado fue peor y la extremidad se gangrenó. Volvió a consultar a Pozzi, quien, con todo el dolor del mundo, le indicó la amputación, aunque él no quiso llevar a cabo la operación. Finalmente, el Dr. Denucé procedió a la amputación. Para entonces, la actriz contaba con 71 años y padecía una insuficiencia renal que sería una de las causas de su óbito. Ese mismo año recibió la Legión de Honor como reconocimiento a su aporte a la cultura francesa.
    A pesar de su precario estado de salud y  discapacidad, Sarah continuó actuando. En 1915,  le aconsejaron que no lo actuase ante las tropas francesas movilizadas por la contienda, pero lo hizo como lo había hecho cincuenta años antes. 
    En 1922 vendió su mansión de Belle-Ile-en-Mer, donde había filmado un documental autobiográfico. Un año más tarde, mientras actuaba para  “”La Voyante””, una obra sobre un clarividente, su estado de salud se deterioró. 
    Ya hacía años que había tomado la costumbre de dormir en un ataúd, como preparándose para el inexorable desenlace. Muy débil para trasladarse al estudio, la película se filmó en su casa de Boulevard Pereire. En un momento, se desmayó y no volvió a recuperarse. Murió pocos días más tarde por una insuficiencia renal en brazos de su querido hijo.
    Más de 150.000 franceses asistieron al entierro de la divina Sarah en Pere-Lachaise. Así como la gente acudía a verla morir en el escenario, ahora presenciaba su funeral, el último acto de una vida agitada .
    Con ella moría la primera gran diva de la modernidad, un “”monstruo sagrado””, en palabras de Jean Cocteau. Fue el rostro y la voz dorada de Francia en todo el mundo,  que cautivaba incluso a aquellos que no hablaban francés. Supo crear una imagen que trascendió su existencia.
    Sarah desataba pasiones con su presencia: los hombres de Nueva York lanzaban sus abrigos al suelo a su paso, en Australia hubo escenas de histeria entre las mujeres que querían tocarla. En París decían que aquellos que la visitaban debían ver la Torre Eiffel y a Sarah Bernhardt.
    Aún hoy, después de un siglo, hay flores sobre su tumba.

    ——————————
    Omar López Mato
    Instituto de la Visión
    ——————————

    El terrible paso por Chile de Sarah Bernhardt
    “”Los chilenos son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia””, dijo la gran actriz francesa tras su única visita al país en 1886.
    Juan Antonio Muñoz H. Ni el recuerdo del puerto de Valparaíso engalanado especialmente para ella ni las entradas vendidas con semanas de antelación sirvieron para templar el ánimo de Sarah Bernhardt (1844-1923) tras su paso por nuestro país, en 1886.
    Varios hechos conspiraron. Primero, que ella misma fuese contrariada. La Bernhardt había pedido hacer el viaje por la cordillera, en mula, pero su representante consideró preferible que lo hiciera por mar, supuestamente más seguro. Así, Sarah fue embarcada en Montevideo en el vapor Cotopaxi, que estuvo a punto de naufragar en las aguas del Estrecho de Magallanes. Ésta era (es) una vía difícil, por decir lo menos, que incluso motivó la canción “”Nous irons a Valparaiso””, que cantaban los marineros para darse ánimo al pasar el Cabo de Hornos (consignado por Marcel Niedergang, de “”Le Monde””, en febrero de 1993).
    Una vez alejado de las turbulencias, el barco emprendió rumbo al norte, atracando primero en Lota, donde la actriz fue recibida con los acordes de “”La Marsellesa””. “”Tras ser hospedada en una de las casas del mismísimo parque de Lota (una de las siete maravillas del mundo, dicen los penquistas), siguió a Talcahuano, y de allí a Valparaíso”” (Sara Vial, “”La Segunda””, 15 de febrero de 1996).
    En el puerto, a las nueve de la mañana, el blindado Cochrane despachó al muelle Prat una lancha para acomodar a quienes harían los honores a Sarah antes de su desembarco, a bordo del Cotopaxi. Subieron el tío de la actriz, Michel Kerbernhardt, dueño del Hotel Colón; un sobrino de Sarah; el administrador del Teatro Victoria; algunos franceses residentes; el cónsul de Perú, y los reporteros.
    Tres días después de su arribo, el 9 de octubre, Sarah debutó en la capital en un papel que era considerado lo máximo que ella sabía hacer: Fedora, basado en la historia de la princesa Romazoff. Llegó por tren a la Estación Central, donde a poco andar le robaron un reloj pulsera a su sobrina Juanita, que la acompañaba. Su debut en Valparaíso fue el día 19 de octubre, en el Teatro Victoria. Allí fue protagonista de ocho funciones en títulos como “”Frou Frou”, “”Adriana Lecrouvreur””, “”La Dama de las Camelias”” y “”El Despecho Amoroso””.
    Ni Chile ni el puerto fueron del gusto de Sarah. En Washington, al diario “”Herald””, hizo declaraciones acerca de los países que había visitado: “”Adoro Buenos Aires; adoro Río; detesto a Chile y adoro a México. Y aunque detesto a Chile, tengo allí a ocho primos, pero todos son franceses, no son chilenos””. Con “”The Tribune””, de Nueva York, no fue menos tajante: “”Pasamos por el Estrecho de Magallanes y fuimos a Chile, pero allí son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia, ¡tan
     antipáticos! Son atroces””.
    “”El Mercurio”” de Valparaíso, contestándole, escribió: “”Seremos muy brutos los chilenos, pero al menos sabemos tener alguna dignidad, y distinguimos también el mérito de la artista y el mérito de la mujer. No se trata lo mismo a una señora como la Ristori (la actriz Adelaida Ristori, favorita en el país en esos años) y a un costal de vicios y huesos como la Bernhardt””.
    En 1906 se publicitó su regreso. Ahora sería recibida en el Teatro San Martín de Santiago, pero éste se quemó íntegro, y la visita fue suspendida (febrero de 1906). “”El Mercurio”” de Santiago, el 2 de marzo de ese año, confirmó la cancelación con un aviso suscrito por la propia Sarah en el que se ofrecía algo a cambio de su presencia frustrada: “”En cambio de no venir ella, ha enviado para que se recree el público fumeril de Santiago, los eminentes y sabrosos Cigarrillos Sarah Bernhardt””.
    Justificando su ausencia
    La actriz iba a volver a Chile en 1906, pero el teatro donde actuaría se quemó. En un aviso firmado por ella se ofrecía a cambio cigarrillos y “”una bonita tarjeta””.
    Estimado Omar, como veras no quedamos nada de bien parados con la pobre Sarah. 
    Quedamos de lo peor, en Fin, no todo puede ser como uno quiere, pero pudiera haber sido peor en 1906, se podia haber quemado el teatro con ella actuando 
    Mejor una vez cuando las cosas no funcionan
    Saludos atentos y buen Domingo
    Eusebio 

    ——————————
    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
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    Original Message:
    Sent: 03-23-2025 16:00
    From: Omar López Mato
    Subject: Los males de la divina Sarah

    “”Hay cinco clases de actrices: las malas, las regulares, las buenas, las grandes actrices… y Sarah Bernhardt””, decía Mark Twain, marcando la diferencia que la convertiría a la diva francesa en una superestrella.
    Las veleidades de Madonna, las excentricidades de Lady Gaga, ni las demás estrellas del rock, no son nuevas ni invento de la modernidad. No hay nada nuevo en este mundo estrellado que la divina Sarah no haya creado antes, desde la incertidumbre de su fecha de nacimiento, que le confería al menos dudas sobre su edad, hasta sus misteriosos orígenes, sus sonados romances, sus relaciones con la nobleza, dignatarios y médicos, escándalos sexuales y éxitos apoteóticos que cimentaron su celebridad al punto que estamos hablando de ella 102 años después.
    Aunque su acta de nacimiento se extravió durante los disturbios de la Comuna de París en 1871, sus biógrafos coinciden en decir que nació en 1844, hija de una cortesana y padre desconocido, aunque todos señalen al duque de Morny –hermano de Napoleón III– como procreador.
    Si bien no se sabe si fue su padre, sabemos que fue su protector y consejero. Fue él quien la instó a inscribirse en el conservatorio y quien le permitió entrar a la Comédie-Française gracias a sus contactos.
    Su primer gran éxito fue en “”Las mujeres sabias”” (“”Les Femmes savantes””) de Molière en 1867, tres años después de haber dado a luz a su único hijo, Maurice Bernhardt, fruto de una relación con el príncipe de Ligne, quien, al enterarse que Sarah estaba embarazada, la abandonó. Cuentan que años más tarde el príncipe se acercó a Maurice, dispuesto a reconocerlo, pero este rechazó la propuesta; para él, era más importante ser el hijo de  divina Sarah que de un príncipe.
    Más de un vez quebró, pero con su trabajo y su talento supo rehacerse.
    Sarah, al igual que su madre y sus hermanas, fue una cortesana y vivió de los favores de sus amantes ocasionales. Una vez que su carrera se afianzó, pudo mantenerse con su trabajo y rescató a sus hermanas de una vida disipada. Para apartarla a su hermana Jeanne de ese destino, la llevó en sus giras, donde se convirtió en actriz de la compañía. Lamentablemente, Jeanne se hizo adicta a la morfina.
    Sarah continuó con su carrera ascendente representando papeles dramáticos para los que estaba especialmente dotada, como “”La dama de las camelias”” de Alejandro Dumas (hijo), autor que había estimulado a la talentosa y bella actriz en sus comienzos.
    Pero Sarah también sobresalía cuando hacía papeles masculinos, como su célebre representación de Hamlet. Todos los que tuvieron la oportunidad de verla destacaban su voz dorada. 
    Su talento, sin embargo, no se limitaba a la actuación: pintaba y esculpía especialmente bien, al punto que algunos dudaban que las obras fueran suyas.
    Su fama la llevó por el mundo. En Estados Unidos, las entradas para verla actuar se agotaban en horas, por más que cobraran 40 dólares por butaca, una suma exorbitante para la época. En Inglaterra conoció a Oscar Wilde y, años más tarde, estrenaría su “”Salomé””. Visitó América Latina y se detuvo en Buenos Aires antes de cruzar a Chile por el Cabo de Hornos.
    En 1886, volviendo de Sudáfrica en barco, se cayó y sufrió una lesión en la rodilla, una dolencia que empeoró con el tiempo a punto de dificultarle el desplazamiento en escena.
    Entre sus muchos amantes estaba el doctor Samuel Jean de Pozzi, uno de los cirujanos ginecológicos más destacados de París, conocido también por su elegancia y dotes galantes,  quien la operó de un quiste ovárico en 1898.
    Su pierna continuó dándole problemas hasta que en 1914, decidieron inmovilizarla, pero el resultado fue peor y la extremidad se gangrenó. Volvió a consultar a Pozzi, quien, con todo el dolor del mundo, le indicó la amputación, aunque él no quiso llevar a cabo la operación. Finalmente, el Dr. Denucé procedió a la amputación. Para entonces, la actriz contaba con 71 años y padecía una insuficiencia renal que sería una de las causas de su óbito. Ese mismo año recibió la Legión de Honor como reconocimiento a su aporte a la cultura francesa.
    A pesar de su precario estado de salud y  discapacidad, Sarah continuó actuando. En 1915,  le aconsejaron que no lo actuase ante las tropas francesas movilizadas por la contienda, pero lo hizo como lo había hecho cincuenta años antes. 
    En 1922 vendió su mansión de Belle-Ile-en-Mer, donde había filmado un documental autobiográfico. Un año más tarde, mientras actuaba para  “”La Voyante””, una obra sobre un clarividente, su estado de salud se deterioró. 
    Ya hacía años que había tomado la costumbre de dormir en un ataúd, como preparándose para el inexorable desenlace. Muy débil para trasladarse al estudio, la película se filmó en su casa de Boulevard Pereire. En un momento, se desmayó y no volvió a recuperarse. Murió pocos días más tarde por una insuficiencia renal en brazos de su querido hijo.
    Más de 150.000 franceses asistieron al entierro de la divina Sarah en Pere-Lachaise. Así como la gente acudía a verla morir en el escenario, ahora presenciaba su funeral, el último acto de una vida agitada .
    Con ella moría la primera gran diva de la modernidad, un “”monstruo sagrado””, en palabras de Jean Cocteau. Fue el rostro y la voz dorada de Francia en todo el mundo,  que cautivaba incluso a aquellos que no hablaban francés. Supo crear una imagen que trascendió su existencia.
    Sarah desataba pasiones con su presencia: los hombres de Nueva York lanzaban sus abrigos al suelo a su paso, en Australia hubo escenas de histeria entre las mujeres que querían tocarla. En París decían que aquellos que la visitaban debían ver la Torre Eiffel y a Sarah Bernhardt.
    Aún hoy, después de un siglo, hay flores sobre su tumba.

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    Omar López Mato
    Instituto de la Visión
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    Bueno pues mira tu ,que falta de empatía,pero la divina Sarah era así ,la primera gran diva que decía y hacia lo que le venía en ganas .
    Bueno ,muchos visitantes extranjeros no fueron benignos con Argentina ,hasta el mismo Ortega y Gasset que llegó exilado ,nos dejó este "Argentino a las cosas " que fue una advertencia pero resultó una premonición …
    Abrazo

    El dom, 30 de mar. de 2025 11:13 a. m., Eusebio Garcia Riccomini via Asociación "Latinoamericana de Cirujanos de Catarata, Segmento Anterior y Refractiva" <Mail@connectedcommunity.org> escribió:

    El terrible paso por Chile de Sarah Bernhardt "Los chilenos son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia", dijo la gran actriz…
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    Re: Los males de la divina Sarah
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    Mar 30, 2025 7:11 AM
    Eusebio Garcia Riccomini
    El terrible paso por Chile de Sarah Bernhardt

    "Los chilenos son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia", dijo la gran actriz francesa tras su única visita al país en 1886.
    Juan Antonio Muñoz H. Ni el recuerdo del puerto de Valparaíso engalanado especialmente para ella ni las entradas vendidas con semanas de antelación sirvieron para templar el ánimo de Sarah Bernhardt (1844-1923) tras su paso por nuestro país, en 1886.

    Varios hechos conspiraron. Primero, que ella misma fuese contrariada. La Bernhardt había pedido hacer el viaje por la cordillera, en mula, pero su representante consideró preferible que lo hiciera por mar, supuestamente más seguro. Así, Sarah fue embarcada en Montevideo en el vapor Cotopaxi, que estuvo a punto de naufragar en las aguas del Estrecho de Magallanes. Ésta era (es) una vía difícil, por decir lo menos, que incluso motivó la canción "Nous irons a Valparaiso", que cantaban los marineros para darse ánimo al pasar el Cabo de Hornos (consignado por Marcel Niedergang, de "Le Monde", en febrero de 1993).

    Una vez alejado de las turbulencias, el barco emprendió rumbo al norte, atracando primero en Lota, donde la actriz fue recibida con los acordes de "La Marsellesa". "Tras ser hospedada en una de las casas del mismísimo parque de Lota (una de las siete maravillas del mundo, dicen los penquistas), siguió a Talcahuano, y de allí a Valparaíso" (Sara Vial, "La Segunda", 15 de febrero de 1996).

    En el puerto, a las nueve de la mañana, el blindado Cochrane despachó al muelle Prat una lancha para acomodar a quienes harían los honores a Sarah antes de su desembarco, a bordo del Cotopaxi. Subieron el tío de la actriz, Michel Kerbernhardt, dueño del Hotel Colón; un sobrino de Sarah; el administrador del Teatro Victoria; algunos franceses residentes; el cónsul de Perú, y los reporteros.

    Tres días después de su arribo, el 9 de octubre, Sarah debutó en la capital en un papel que era considerado lo máximo que ella sabía hacer: Fedora, basado en la historia de la princesa Romazoff. Llegó por tren a la Estación Central, donde a poco andar le robaron un reloj pulsera a su sobrina Juanita, que la acompañaba. Su debut en Valparaíso fue el día 19 de octubre, en el Teatro Victoria. Allí fue protagonista de ocho funciones en títulos como "Frou Frou'', "Adriana Lecrouvreur", "La Dama de las Camelias" y "El Despecho Amoroso".

    Ni Chile ni el puerto fueron del gusto de Sarah. En Washington, al diario "Herald", hizo declaraciones acerca de los países que había visitado: "Adoro Buenos Aires; adoro Río; detesto a Chile y adoro a México. Y aunque detesto a Chile, tengo allí a ocho primos, pero todos son franceses, no son chilenos". Con "The Tribune", de Nueva York, no fue menos tajante: "Pasamos por el Estrecho de Magallanes y fuimos a Chile, pero allí son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia, ¡tan
     antipáticos! Son atroces".

    "El Mercurio" de Valparaíso, contestándole, escribió: "Seremos muy brutos los chilenos, pero al menos sabemos tener alguna dignidad, y distinguimos también el mérito de la artista y el mérito de la mujer. No se trata lo mismo a una señora como la Ristori (la actriz Adelaida Ristori, favorita en el país en esos años) y a un costal de vicios y huesos como la Bernhardt".

    En 1906 se publicitó su regreso. Ahora sería recibida en el Teatro San Martín de Santiago, pero éste se quemó íntegro, y la visita fue suspendida (febrero de 1906). "El Mercurio" de Santiago, el 2 de marzo de ese año, confirmó la cancelación con un aviso suscrito por la propia Sarah en el que se ofrecía algo a cambio de su presencia frustrada: "En cambio de no venir ella, ha enviado para que se recree el público fumeril de Santiago, los eminentes y sabrosos Cigarrillos Sarah Bernhardt".

    Justificando su ausencia

    La actriz iba a volver a Chile en 1906, pero el teatro donde actuaría se quemó. En un aviso firmado por ella se ofrecía a cambio cigarrillos y "una bonita tarjeta".
    Estimado Omar, como veras no quedamos nada de bien parados con la pobre Sarah. 
    Quedamos de lo peor, en Fin, no todo puede ser como uno quiere, pero pudiera haber sido peor en 1906, se podia haber quemado el teatro con ella actuando 
    Mejor una vez cuando las cosas no funcionan
    Saludos atentos y buen Domingo
    Eusebio 

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    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
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    Sent: 03-23-2025 16:00

     
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    Sent: 3/30/2025 10:11:00 AM
    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: RE: Los males de la divina Sarah

    El terrible paso por Chile de Sarah Bernhardt
    “”Los chilenos son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia””, dijo la gran actriz francesa tras su única visita al país en 1886.
    Juan Antonio Muñoz H. Ni el recuerdo del puerto de Valparaíso engalanado especialmente para ella ni las entradas vendidas con semanas de antelación sirvieron para templar el ánimo de Sarah Bernhardt (1844-1923) tras su paso por nuestro país, en 1886.
    Varios hechos conspiraron. Primero, que ella misma fuese contrariada. La Bernhardt había pedido hacer el viaje por la cordillera, en mula, pero su representante consideró preferible que lo hiciera por mar, supuestamente más seguro. Así, Sarah fue embarcada en Montevideo en el vapor Cotopaxi, que estuvo a punto de naufragar en las aguas del Estrecho de Magallanes. Ésta era (es) una vía difícil, por decir lo menos, que incluso motivó la canción “”Nous irons a Valparaiso””, que cantaban los marineros para darse ánimo al pasar el Cabo de Hornos (consignado por Marcel Niedergang, de “”Le Monde””, en febrero de 1993).
    Una vez alejado de las turbulencias, el barco emprendió rumbo al norte, atracando primero en Lota, donde la actriz fue recibida con los acordes de “”La Marsellesa””. “”Tras ser hospedada en una de las casas del mismísimo parque de Lota (una de las siete maravillas del mundo, dicen los penquistas), siguió a Talcahuano, y de allí a Valparaíso”” (Sara Vial, “”La Segunda””, 15 de febrero de 1996).
    En el puerto, a las nueve de la mañana, el blindado Cochrane despachó al muelle Prat una lancha para acomodar a quienes harían los honores a Sarah antes de su desembarco, a bordo del Cotopaxi. Subieron el tío de la actriz, Michel Kerbernhardt, dueño del Hotel Colón; un sobrino de Sarah; el administrador del Teatro Victoria; algunos franceses residentes; el cónsul de Perú, y los reporteros.
    Tres días después de su arribo, el 9 de octubre, Sarah debutó en la capital en un papel que era considerado lo máximo que ella sabía hacer: Fedora, basado en la historia de la princesa Romazoff. Llegó por tren a la Estación Central, donde a poco andar le robaron un reloj pulsera a su sobrina Juanita, que la acompañaba. Su debut en Valparaíso fue el día 19 de octubre, en el Teatro Victoria. Allí fue protagonista de ocho funciones en títulos como “”Frou Frou”, “”Adriana Lecrouvreur””, “”La Dama de las Camelias”” y “”El Despecho Amoroso””.
    Ni Chile ni el puerto fueron del gusto de Sarah. En Washington, al diario “”Herald””, hizo declaraciones acerca de los países que había visitado: “”Adoro Buenos Aires; adoro Río; detesto a Chile y adoro a México. Y aunque detesto a Chile, tengo allí a ocho primos, pero todos son franceses, no son chilenos””. Con “”The Tribune””, de Nueva York, no fue menos tajante: “”Pasamos por el Estrecho de Magallanes y fuimos a Chile, pero allí son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia, ¡tan
     antipáticos! Son atroces””.
    “”El Mercurio”” de Valparaíso, contestándole, escribió: “”Seremos muy brutos los chilenos, pero al menos sabemos tener alguna dignidad, y distinguimos también el mérito de la artista y el mérito de la mujer. No se trata lo mismo a una señora como la Ristori (la actriz Adelaida Ristori, favorita en el país en esos años) y a un costal de vicios y huesos como la Bernhardt””.
    En 1906 se publicitó su regreso. Ahora sería recibida en el Teatro San Martín de Santiago, pero éste se quemó íntegro, y la visita fue suspendida (febrero de 1906). “”El Mercurio”” de Santiago, el 2 de marzo de ese año, confirmó la cancelación con un aviso suscrito por la propia Sarah en el que se ofrecía algo a cambio de su presencia frustrada: “”En cambio de no venir ella, ha enviado para que se recree el público fumeril de Santiago, los eminentes y sabrosos Cigarrillos Sarah Bernhardt””.
    Justificando su ausencia
    La actriz iba a volver a Chile en 1906, pero el teatro donde actuaría se quemó. En un aviso firmado por ella se ofrecía a cambio cigarrillos y “”una bonita tarjeta””.
    Estimado Omar, como veras no quedamos nada de bien parados con la pobre Sarah. 
    Quedamos de lo peor, en Fin, no todo puede ser como uno quiere, pero pudiera haber sido peor en 1906, se podia haber quemado el teatro con ella actuando 
    Mejor una vez cuando las cosas no funcionan
    Saludos atentos y buen Domingo
    Eusebio 

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    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
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    Original Message:
    Sent: 03-23-2025 16:00
    From: Omar López Mato
    Subject: Los males de la divina Sarah

    “”Hay cinco clases de actrices: las malas, las regulares, las buenas, las grandes actrices… y Sarah Bernhardt””, decía Mark Twain, marcando la diferencia que la convertiría a la diva francesa en una superestrella.
    Las veleidades de Madonna, las excentricidades de Lady Gaga, ni las demás estrellas del rock, no son nuevas ni invento de la modernidad. No hay nada nuevo en este mundo estrellado que la divina Sarah no haya creado antes, desde la incertidumbre de su fecha de nacimiento, que le confería al menos dudas sobre su edad, hasta sus misteriosos orígenes, sus sonados romances, sus relaciones con la nobleza, dignatarios y médicos, escándalos sexuales y éxitos apoteóticos que cimentaron su celebridad al punto que estamos hablando de ella 102 años después.
    Aunque su acta de nacimiento se extravió durante los disturbios de la Comuna de París en 1871, sus biógrafos coinciden en decir que nació en 1844, hija de una cortesana y padre desconocido, aunque todos señalen al duque de Morny –hermano de Napoleón III– como procreador.
    Si bien no se sabe si fue su padre, sabemos que fue su protector y consejero. Fue él quien la instó a inscribirse en el conservatorio y quien le permitió entrar a la Comédie-Française gracias a sus contactos.
    Su primer gran éxito fue en “”Las mujeres sabias”” (“”Les Femmes savantes””) de Molière en 1867, tres años después de haber dado a luz a su único hijo, Maurice Bernhardt, fruto de una relación con el príncipe de Ligne, quien, al enterarse que Sarah estaba embarazada, la abandonó. Cuentan que años más tarde el príncipe se acercó a Maurice, dispuesto a reconocerlo, pero este rechazó la propuesta; para él, era más importante ser el hijo de  divina Sarah que de un príncipe.
    Más de un vez quebró, pero con su trabajo y su talento supo rehacerse.
    Sarah, al igual que su madre y sus hermanas, fue una cortesana y vivió de los favores de sus amantes ocasionales. Una vez que su carrera se afianzó, pudo mantenerse con su trabajo y rescató a sus hermanas de una vida disipada. Para apartarla a su hermana Jeanne de ese destino, la llevó en sus giras, donde se convirtió en actriz de la compañía. Lamentablemente, Jeanne se hizo adicta a la morfina.
    Sarah continuó con su carrera ascendente representando papeles dramáticos para los que estaba especialmente dotada, como “”La dama de las camelias”” de Alejandro Dumas (hijo), autor que había estimulado a la talentosa y bella actriz en sus comienzos.
    Pero Sarah también sobresalía cuando hacía papeles masculinos, como su célebre representación de Hamlet. Todos los que tuvieron la oportunidad de verla destacaban su voz dorada. 
    Su talento, sin embargo, no se limitaba a la actuación: pintaba y esculpía especialmente bien, al punto que algunos dudaban que las obras fueran suyas.
    Su fama la llevó por el mundo. En Estados Unidos, las entradas para verla actuar se agotaban en horas, por más que cobraran 40 dólares por butaca, una suma exorbitante para la época. En Inglaterra conoció a Oscar Wilde y, años más tarde, estrenaría su “”Salomé””. Visitó América Latina y se detuvo en Buenos Aires antes de cruzar a Chile por el Cabo de Hornos.
    En 1886, volviendo de Sudáfrica en barco, se cayó y sufrió una lesión en la rodilla, una dolencia que empeoró con el tiempo a punto de dificultarle el desplazamiento en escena.
    Entre sus muchos amantes estaba el doctor Samuel Jean de Pozzi, uno de los cirujanos ginecológicos más destacados de París, conocido también por su elegancia y dotes galantes,  quien la operó de un quiste ovárico en 1898.
    Su pierna continuó dándole problemas hasta que en 1914, decidieron inmovilizarla, pero el resultado fue peor y la extremidad se gangrenó. Volvió a consultar a Pozzi, quien, con todo el dolor del mundo, le indicó la amputación, aunque él no quiso llevar a cabo la operación. Finalmente, el Dr. Denucé procedió a la amputación. Para entonces, la actriz contaba con 71 años y padecía una insuficiencia renal que sería una de las causas de su óbito. Ese mismo año recibió la Legión de Honor como reconocimiento a su aporte a la cultura francesa.
    A pesar de su precario estado de salud y  discapacidad, Sarah continuó actuando. En 1915,  le aconsejaron que no lo actuase ante las tropas francesas movilizadas por la contienda, pero lo hizo como lo había hecho cincuenta años antes. 
    En 1922 vendió su mansión de Belle-Ile-en-Mer, donde había filmado un documental autobiográfico. Un año más tarde, mientras actuaba para  “”La Voyante””, una obra sobre un clarividente, su estado de salud se deterioró. 
    Ya hacía años que había tomado la costumbre de dormir en un ataúd, como preparándose para el inexorable desenlace. Muy débil para trasladarse al estudio, la película se filmó en su casa de Boulevard Pereire. En un momento, se desmayó y no volvió a recuperarse. Murió pocos días más tarde por una insuficiencia renal en brazos de su querido hijo.
    Más de 150.000 franceses asistieron al entierro de la divina Sarah en Pere-Lachaise. Así como la gente acudía a verla morir en el escenario, ahora presenciaba su funeral, el último acto de una vida agitada .
    Con ella moría la primera gran diva de la modernidad, un “”monstruo sagrado””, en palabras de Jean Cocteau. Fue el rostro y la voz dorada de Francia en todo el mundo,  que cautivaba incluso a aquellos que no hablaban francés. Supo crear una imagen que trascendió su existencia.
    Sarah desataba pasiones con su presencia: los hombres de Nueva York lanzaban sus abrigos al suelo a su paso, en Australia hubo escenas de histeria entre las mujeres que querían tocarla. En París decían que aquellos que la visitaban debían ver la Torre Eiffel y a Sarah Bernhardt.
    Aún hoy, después de un siglo, hay flores sobre su tumba.

    ——————————
    Omar López Mato
    Instituto de la Visión
    ——————————

    Estimado , pero , a la pobre ( que en realidad actuó en Iquique) ciudad recién anexado  a territorio Nacional y muy rico por el Salitre 

    Logro , que se apuraran las obras del nuevo teatro Municipal , que es el actual 

    Ya sin la Diva 

    En efecto, el actual Teatro Municipal de Iquique comenzó a construirse poco tiempo después de la presentación de la eminencia francesa y se inauguró con bombos y platillos el 21 de diciembre de 1889 con la ópera El trovador, de Giuseppe Verdi, interpretada por la Compañía Lírica Italiana de Signore Grandi. Pero ya sin Bernhardt para ver ese “”teatro superior””.

    Ya que Sarah alego que era un Galpón impropio 

    Algo bueno resulto de sus criticas 

    Y las divas son divas 

    Hay que recordar a la Callas negándose a actuar en la Opera de Roma 1963 o cercano  y con toda la eminencia Romana presente , por un dolor de garganta . La odiaron pero igual no canto 

    Saludos y buena semana 

    Eusebio 

    ——————————
    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
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    Original Message:
    Sent: 03-30-2025 09:47
    From: Omar López Mato
    Subject: Los males de la divina Sarah

    Bueno pues mira tu ,que falta de empatía,pero la divina Sarah era así ,la primera gran diva que decía y hacia lo que le venía en ganas .
    Bueno ,muchos visitantes extranjeros no fueron benignos con Argentina ,hasta el mismo Ortega y Gasset que llegó exilado ,nos dejó este “”Argentino a las cosas “” que fue una advertencia pero resultó una premonición …
    Abrazo

    El dom, 30 de mar. de 2025 11:13 a. m., Eusebio Garcia Riccomini via Asociación “”Latinoamericana de Cirujanos de Catarata, Segmento Anterior y Refractiva”” <Mail@connectedcommunity.org> escribió:

    El terrible paso por Chile de Sarah Bernhardt “”Los chilenos son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia””, dijo la gran actriz…
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    Re: Los males de la divina Sarah
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    Mar 30, 2025 7:11 AM
    Eusebio Garcia Riccomini
    El terrible paso por Chile de Sarah Bernhardt

    “”Los chilenos son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia””, dijo la gran actriz francesa tras su única visita al país en 1886.
    Juan Antonio Muñoz H. Ni el recuerdo del puerto de Valparaíso engalanado especialmente para ella ni las entradas vendidas con semanas de antelación sirvieron para templar el ánimo de Sarah Bernhardt (1844-1923) tras su paso por nuestro país, en 1886.

    Varios hechos conspiraron. Primero, que ella misma fuese contrariada. La Bernhardt había pedido hacer el viaje por la cordillera, en mula, pero su representante consideró preferible que lo hiciera por mar, supuestamente más seguro. Así, Sarah fue embarcada en Montevideo en el vapor Cotopaxi, que estuvo a punto de naufragar en las aguas del Estrecho de Magallanes. Ésta era (es) una vía difícil, por decir lo menos, que incluso motivó la canción “”Nous irons a Valparaiso””, que cantaban los marineros para darse ánimo al pasar el Cabo de Hornos (consignado por Marcel Niedergang, de “”Le Monde””, en febrero de 1993).

    Una vez alejado de las turbulencias, el barco emprendió rumbo al norte, atracando primero en Lota, donde la actriz fue recibida con los acordes de “”La Marsellesa””. “”Tras ser hospedada en una de las casas del mismísimo parque de Lota (una de las siete maravillas del mundo, dicen los penquistas), siguió a Talcahuano, y de allí a Valparaíso”” (Sara Vial, “”La Segunda””, 15 de febrero de 1996).

    En el puerto, a las nueve de la mañana, el blindado Cochrane despachó al muelle Prat una lancha para acomodar a quienes harían los honores a Sarah antes de su desembarco, a bordo del Cotopaxi. Subieron el tío de la actriz, Michel Kerbernhardt, dueño del Hotel Colón; un sobrino de Sarah; el administrador del Teatro Victoria; algunos franceses residentes; el cónsul de Perú, y los reporteros.

    Tres días después de su arribo, el 9 de octubre, Sarah debutó en la capital en un papel que era considerado lo máximo que ella sabía hacer: Fedora, basado en la historia de la princesa Romazoff. Llegó por tren a la Estación Central, donde a poco andar le robaron un reloj pulsera a su sobrina Juanita, que la acompañaba. Su debut en Valparaíso fue el día 19 de octubre, en el Teatro Victoria. Allí fue protagonista de ocho funciones en títulos como “”Frou Frou”, “”Adriana Lecrouvreur””, “”La Dama de las Camelias”” y “”El Despecho Amoroso””.

    Ni Chile ni el puerto fueron del gusto de Sarah. En Washington, al diario “”Herald””, hizo declaraciones acerca de los países que había visitado: “”Adoro Buenos Aires; adoro Río; detesto a Chile y adoro a México. Y aunque detesto a Chile, tengo allí a ocho primos, pero todos son franceses, no son chilenos””. Con “”The Tribune””, de Nueva York, no fue menos tajante: “”Pasamos por el Estrecho de Magallanes y fuimos a Chile, pero allí son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia, ¡tan
     antipáticos! Son atroces””.

    “”El Mercurio”” de Valparaíso, contestándole, escribió: “”Seremos muy brutos los chilenos, pero al menos sabemos tener alguna dignidad, y distinguimos también el mérito de la artista y el mérito de la mujer. No se trata lo mismo a una señora como la Ristori (la actriz Adelaida Ristori, favorita en el país en esos años) y a un costal de vicios y huesos como la Bernhardt””.

    En 1906 se publicitó su regreso. Ahora sería recibida en el Teatro San Martín de Santiago, pero éste se quemó íntegro, y la visita fue suspendida (febrero de 1906). “”El Mercurio”” de Santiago, el 2 de marzo de ese año, confirmó la cancelación con un aviso suscrito por la propia Sarah en el que se ofrecía algo a cambio de su presencia frustrada: “”En cambio de no venir ella, ha enviado para que se recree el público fumeril de Santiago, los eminentes y sabrosos Cigarrillos Sarah Bernhardt””.

    Justificando su ausencia

    La actriz iba a volver a Chile en 1906, pero el teatro donde actuaría se quemó. En un aviso firmado por ella se ofrecía a cambio cigarrillos y “”una bonita tarjeta””.
    Estimado Omar, como veras no quedamos nada de bien parados con la pobre Sarah. 
    Quedamos de lo peor, en Fin, no todo puede ser como uno quiere, pero pudiera haber sido peor en 1906, se podia haber quemado el teatro con ella actuando 
    Mejor una vez cuando las cosas no funcionan
    Saludos atentos y buen Domingo
    Eusebio 

    ——————————
    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
    ——————————

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    Sent: 03-23-2025 16:00
     
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    Original Message:
    Sent: 3/30/2025 10:11:00 AM
    From: Eusebio Garcia Riccomini
    Subject: RE: Los males de la divina Sarah

    El terrible paso por Chile de Sarah Bernhardt
    “”Los chilenos son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia””, dijo la gran actriz francesa tras su única visita al país en 1886.
    Juan Antonio Muñoz H. Ni el recuerdo del puerto de Valparaíso engalanado especialmente para ella ni las entradas vendidas con semanas de antelación sirvieron para templar el ánimo de Sarah Bernhardt (1844-1923) tras su paso por nuestro país, en 1886.
    Varios hechos conspiraron. Primero, que ella misma fuese contrariada. La Bernhardt había pedido hacer el viaje por la cordillera, en mula, pero su representante consideró preferible que lo hiciera por mar, supuestamente más seguro. Así, Sarah fue embarcada en Montevideo en el vapor Cotopaxi, que estuvo a punto de naufragar en las aguas del Estrecho de Magallanes. Ésta era (es) una vía difícil, por decir lo menos, que incluso motivó la canción “”Nous irons a Valparaiso””, que cantaban los marineros para darse ánimo al pasar el Cabo de Hornos (consignado por Marcel Niedergang, de “”Le Monde””, en febrero de 1993).
    Una vez alejado de las turbulencias, el barco emprendió rumbo al norte, atracando primero en Lota, donde la actriz fue recibida con los acordes de “”La Marsellesa””. “”Tras ser hospedada en una de las casas del mismísimo parque de Lota (una de las siete maravillas del mundo, dicen los penquistas), siguió a Talcahuano, y de allí a Valparaíso”” (Sara Vial, “”La Segunda””, 15 de febrero de 1996).
    En el puerto, a las nueve de la mañana, el blindado Cochrane despachó al muelle Prat una lancha para acomodar a quienes harían los honores a Sarah antes de su desembarco, a bordo del Cotopaxi. Subieron el tío de la actriz, Michel Kerbernhardt, dueño del Hotel Colón; un sobrino de Sarah; el administrador del Teatro Victoria; algunos franceses residentes; el cónsul de Perú, y los reporteros.
    Tres días después de su arribo, el 9 de octubre, Sarah debutó en la capital en un papel que era considerado lo máximo que ella sabía hacer: Fedora, basado en la historia de la princesa Romazoff. Llegó por tren a la Estación Central, donde a poco andar le robaron un reloj pulsera a su sobrina Juanita, que la acompañaba. Su debut en Valparaíso fue el día 19 de octubre, en el Teatro Victoria. Allí fue protagonista de ocho funciones en títulos como “”Frou Frou”, “”Adriana Lecrouvreur””, “”La Dama de las Camelias”” y “”El Despecho Amoroso””.
    Ni Chile ni el puerto fueron del gusto de Sarah. En Washington, al diario “”Herald””, hizo declaraciones acerca de los países que había visitado: “”Adoro Buenos Aires; adoro Río; detesto a Chile y adoro a México. Y aunque detesto a Chile, tengo allí a ocho primos, pero todos son franceses, no son chilenos””. Con “”The Tribune””, de Nueva York, no fue menos tajante: “”Pasamos por el Estrecho de Magallanes y fuimos a Chile, pero allí son unos brutos, tan fríos, tan faltos de inteligencia, ¡tan
     antipáticos! Son atroces””.
    “”El Mercurio”” de Valparaíso, contestándole, escribió: “”Seremos muy brutos los chilenos, pero al menos sabemos tener alguna dignidad, y distinguimos también el mérito de la artista y el mérito de la mujer. No se trata lo mismo a una señora como la Ristori (la actriz Adelaida Ristori, favorita en el país en esos años) y a un costal de vicios y huesos como la Bernhardt””.
    En 1906 se publicitó su regreso. Ahora sería recibida en el Teatro San Martín de Santiago, pero éste se quemó íntegro, y la visita fue suspendida (febrero de 1906). “”El Mercurio”” de Santiago, el 2 de marzo de ese año, confirmó la cancelación con un aviso suscrito por la propia Sarah en el que se ofrecía algo a cambio de su presencia frustrada: “”En cambio de no venir ella, ha enviado para que se recree el público fumeril de Santiago, los eminentes y sabrosos Cigarrillos Sarah Bernhardt””.
    Justificando su ausencia
    La actriz iba a volver a Chile en 1906, pero el teatro donde actuaría se quemó. En un aviso firmado por ella se ofrecía a cambio cigarrillos y “”una bonita tarjeta””.
    Estimado Omar, como veras no quedamos nada de bien parados con la pobre Sarah. 
    Quedamos de lo peor, en Fin, no todo puede ser como uno quiere, pero pudiera haber sido peor en 1906, se podia haber quemado el teatro con ella actuando 
    Mejor una vez cuando las cosas no funcionan
    Saludos atentos y buen Domingo
    Eusebio 

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    Eusebio Garcia Riccomini
    Oftalmólogo
    Clinica Oftalmologica Providencia
    Santiago de Chile
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